lunes, 24 de marzo de 2025

Desahogos polifónicos que pensaban ser póstumos, todos breves o muy breves (XII)

901. Nada perfectible puede haber en una especie que toma al príncipe Mishkin y a sus correlatos de carne y hueso por idiotas y no por lo que en realidad son.

 

902. De cómo piensan los escritores de diez letras la lengua en la que escriben: “Ocurrió mientras se habían ido a Trujillo a hacer algunas compras de última hora. El pueblo se encuentra a unas quince verstas, por una carretera estrecha, pero no del todo intransitable. Lo pone uno en verstas y no en kilómetros porque el tiempo invernal así lo sugiere. Si estuviéramos en otoño y los caminos aparecieran cubiertos de hojas muertas y amarillas y la brisa fuese templada, podría hablarse de millas galesas. En agosto, bajo el sol abrasador y los infinitos campos cosechados y secos, estaría justificado emplear las leguas de Cervantes. Pero con este tiempo frío y desapacible, con la calleja llena de charcos y los portillos de piedra cubiertos de aterciopelado musgo y rezumando agua, parece más oportuno, creo, hablar en verstas, sobre todo por lo que a continuación iba a suceder”. ¿Que no está lejos el día en que la inteligencia artificial escriba literatura de 24 o siquiera de 18 quilates? Harían bien los optimistas -los iletrados- que a aquello le apuesten si lo disponen todo con total cuidado porque la espera puede prolongárseles más allá de la parusía, y creo que me quedo corto.

 

Adenda: si usted, impresionado como yo por la consciencia léxica del autor resuelve pasar adelante para enterarse de qué fue eso que “a continuación iba a suceder”, pues se va a quedar de piedra ante la belleza suma de uno de los pasajes en prosa más poéticos que me haya sido dado leer, releer y volver a leer en la esperanza de que mi cerebro lo referencie sin problemas si lo llego a necesitar para una charla que verse sobre la polifonía de lo inanimado.

 

903. Por descontado que lo suscribo, maestro Millás, sólo que con una acotación por mi parte que, espero, usted sabrá disculpar:

 

“…Sabemos que, si un caniche rebobinara unos cuantos siglos, regresaría al lobo del que procede. Si los seres humanos hiciéramos lo mismo, llegaríamos a Elon Musk o a Donald Trump”, a Vladímir Putin o a Benjamín Netanyahu. “Me vienen a la memoria entonces aquellos versos de Cernuda:

‘Lo que el espíritu del hombre

Ganó para el espíritu del hombre

A través de los siglos

Es patrimonio nuestro y es herencia

De los hombres futuros.

Al tolerar que nos lo nieguen

Y secuestren, el hombre entonces baja,

¿y cuánto?, en esa dura escala

Que desde el animal llega hasta el hombre’.

Eso es lo que hemos permitido al hacer multimillonario a este individuo y presidente del llamado mundo libre a Donald Trump”; interlocutores válidos para tantos en Occidente al bicho del Kremlin y al carnicero de Gaza: “que se nos nieguen siglos de humanismo…”.

 

Y gracias por la oportunidad, admirado y estimado Juanjo, porque ya me disponía a desahogarme con uno de mis pensamientos desiderativos que, quiero creer, me ayudan a suavizar el odio impotente que me suscitan estos cuatro y otros malditos del vecindario: que alguien con poder flete un avión con rumbo a lo más profundo e inhóspito del Amazonas y allí, desnudos e inermes, los abandone al tiempo que se “monitoriza” en “tiempo real” su muerte, ojalá muy lenta y dolorosa.

 

Adenda: misericordia y caridad para quien las merece o, al menos, para quien no las desmerece.

 

904. No comprende uno a santo de qué tantísima alharaca con las posibilidades teratológicas de la inteligencia artificial si se sabe que en lo que llamamos mundo siempre ha habido los Putin y los Netanyahu, los Trump y los Musk. Quienes llegado el momento serán los responsables de apagar las luces y asegurar las puertas, cuando el inconducente y jodido antropoceno se avenga por fin a expirar.

 

905. Le confieso a usted que le tengo confianza y afecto, don Antonio, esto que constituye uno de los escasos -por grandes- orgullos en mi vida: aparte del cigarrillo y el trago, que me gustaban de veras -todavía un poco-, jamás me he sumado a tendencias o modas güevonas y mayoritarias, tanto más güevonas cuanto más mayoritarias. Ni izquierdas ni pedreas ni música protesta (únicamente una noviecita mamerta que adoraba al Che y a Silvio), ni heroína ni cocaína ni mariguana (únicamente una traba que no me gustó y pare de contar), ni plataformas ni redes sociales ni WhatsApp (con decirle que jamás me he comprado un teléfono inteligente porque desde que irrumpieron los celulares ando con el primer Nokia que salió al mercado). De modo que ya puede irme nombrando -yo qué sé- estandarte o precursor o abanderado de la revuelta a que invita en su artículo del 25 de enero de 2025. Y reciba un saludo afectuoso y toda mi admiración de lector, de momento de sus reflexiones semanales en El País, siempre instructivas, en absoluto exentas de sindéresis y por tanto provechosas entre las más.

 

906. Me habla Pérez-Reverte de un “idiota redondo, compacto, sin poros” cuyo histórico nombre no viene a cuento y, como la descripción del personaje se me antoja el colmo de la concreción y de la gracia, resuelvo tomarla prestada para describir a mi turno a los “idiotas redondos, compactos, sin poros” que -de momento- en El Salvador, la Argentina, Colombia y los Estados Unidos hicieron de votontos al creerles las trolas y elegir en consecuencia a Bukele, Miley, Petro y Trump, quienes ya o pasado un tiempo les habrán hecho saber lo que en política supone confiarse a los bellacos. Votonto: dícese del incauto que vota por auténticas nasty shits en la esperanza de que lo rediman de su perra suerte. Nasty shits: dícese de los malditos de la política que tienen su psicopatía por método de gobierno y a los cuales se los puede agrupar bajo el término hijueputin. Hijueputin: dícese asimismo del votante nasty shit que, a diferencia del votonto incauto, sabe a ciencia cierta que por quien vota es por un como él bellaco, sólo que con poder.

 

907. Lo que procede: “…¿Entonces, qué? ¿Farsa o tragedia? ¿Esta segunda presidencia de Trump será recordada como un circo, como una merienda de monos, como una aberración cómica que se superó, a la que el país reaccionó volviendo cuatro años después a la normalidad, que no impactó de manera duradera en la solidez ni de las instituciones democráticas norteamericanas ni de las normas internacionales? ¿O tenemos que tener miedo, mucho miedo? Yo me inclinaría por tomar lo que Trump dice en serio. En la duda, me prepararía para la posibilidad de un desenlace trágico. La historia del siglo XX, en particular, demuestra el error de subestimar a populistas que actúan como payasos, que son unos locos, pero acaban tomando el poder y sacudiendo no solo a sus propios países sino al mundo entero”. Vamos a ver dónde van a esconder los insensatos -entre otros- del periodismo y de la política su imborrable entusiasmo de hoy ante cada nueva orden ejecutiva que se firma en la Casa Blanca cuando mañana, lo que de allí dimane sea posiblemente la perentoriedad de desalojar por la fuerza a Gaza, invadir a Groenlandia, arrebatarles a los panameños el canal y a los canadienses su país, repartirse con Putin a Ucrania o bañar en sangre al mundo no ya contra él sino con él.

 

Adenda: a mí que me culién, pero no por simple y desatentado.

 

908. Pues qué le dijera yo, maestro Constaín. ¿Será que hacia finales de 2028 lo sabremos con certitud?:

 

“…Es una pieza magistral y profética: la descripción minuciosa de las miserias y peligros, las promesas más siniestras de la Modernidad, la sociedad industrial y de masas y el totalitarismo. Y hay allí una frase reveladora que Mutis traducía con gracia sin igual aunque equívoca: ‘Felices los que fueron gobernados por el caballo de Calígula’. Como se sabe (así lo cuenta Suetonio) Calígula tenía un caballo al que adoraba, Incitatus, y lo quiso hacer cónsul.

Parece que era una ironía del emperador: una burla a los senadores, a los que consideraba abyectos y corruptos. Pero la frase de Céline, así formulada, es casi una teoría política: la crítica más demoledora que uno pueda concebir contra el mal gobierno y la locura del poder, sobre todo en una época como la nuestra en la que esa se está volviendo la norma en tantas partes: caudillos delirantes y pueriles, adolescentes, más bien, narcisistas, egomaníacos.

Celebrados todos por sus caudas, sus capillas enajenadas que no admiten ni crítica ni razón. Y va uno a ver y sí: al final sí habría sido mejor el caballo de Calígula. O incluso su dueño” (o hasta de pronto mucho antes).

 

¿Pero sabe que le quería hacer una infidencia a propósito de Céline y artistas malas o pésimas personas y demás? Comprenderá usted que mi condición de ciego que precisa de manos voluntarias en los lugares desconocidos adonde va me faculta para tomarle la temperatura a la dichosa solidaridad humana o, mejor dicho, para habérsela estado tomando desde que por primera vez me aventuré a salir solo a la calle, hace cuarenta años. Le cuento, para no extenderme innecesariamente, que los sitios donde no es infrecuente no dar con una mano amiga que nos oriente o nos saque de un atolladero son precisamente esos en los que cualquiera supondría que abunda la solidaridad: facultades de humanidades, bibliotecas, librerías, salas de conciertos, teatros, ministerios de la igualdad, paraninfos, auditorios…, recintos por donde se pavonean intelectuales y artistas de mayor o menor cuantía, tantos tan ufanos de sus currículos y publicaciones en defensa de los derechos humanos. Los sufro a duras penas y siempre que me los topo pienso en la filantropía telescópica de que habla Dickens en Casa desolada.

 

909. “…Es imposible resumir aquí lo que dice Huizinga en ese libro, ojalá se consiguiera todavía (de golpe sí, en alguna librería de viejo) para que muchos lo puedan leer porque además es de una vigencia pasmosa aún hoy, acaso hoy más que nunca. Pero hay un capítulo allí que se llama ‘Puerilismo’ en el que el maestro disecciona uno de los rasgos más absurdos y peligrosos, según él, de su tiempo: la inmadurez de la sociedad, su condición adolescente. Y aclara Huizinga que no se refiere a una especie de infantilismo del mundo, no, sino a algo muchísimo peor que no se puede definir sino así, como un regreso a la adolescencia de la sociedad toda, con las características dolorosas y miserables de esa época funesta de la vida, que además en la mayoría de los casos no es un hecho cronológico sino espiritual, por eso hay quienes no dejan de ser adolescentes jamás y eso nada tiene que ver con la edad. ¿Qué caracteriza la adolescencia? Pues muchas cosas: la arrogancia, la solemnidad, la inconsciencia, el dogmatismo, el fanatismo, creerse infalible, empeñarse cada vez más en los errores y cultivarlos como si fueran una gran virtud, el exhibicionismo, el narcisismo, la necedad, el egoísmo y la mezquindad con lo bueno y la prodigalidad sin límites, a manos llenas, con lo malo, hasta causar desastres por todas partes con la idea patética de estar haciendo el bien. Pero sobre todo, dice Huizinga, la característica principal de la adolescencia es esta: tomarse muy en serio lo que no lo es en absoluto y restarle toda seriedad a lo que debería tenerla sin la menor vacilación. Por eso, añade, los gobiernos se han vuelto un chiste y una farsa, un espectáculo grotesco para donde uno mire, mientras cosas muy banales y festivas, que deberían tener solo ese encanto, que no es poco, se han vuelto trascendentales. ¿Les suena? Ese libro se publicó en 1935, cuando ya venía la tormenta. Pero leído ahora parece que hablara de nosotros. Y sí: las sombras del mañana eran hoy”: un 5 sin impugnaciones ni atenuantes para el lector -uno solo conozco- capaz de, diseccionando la cita del maestro, dar en los 908 desahogos anteriores con ejemplos suficientes que la ilustren y hagan digerible para los que, con el agua al cuello, no se enteran de la riada que se nos vino encima.

 

910. Hoy, cuando las fuerzas de los pronombres comienzan a realinearse peligrosamente, conviene reflexionar en esta exégesis de Karl Ove Knausgard pero no ya -o no sólo- para asumir sus palabras de modo retrospectivo, sino como admonición y advertencia de horrores de nadie desconocidos, que amenazan con materializarse, nuevamente, en proporciones de cataclismo:

 

“…En el Tercer Reich, la conciencia no decía que matar está mal, decía: está mal no matar, como escribe Hannah Arendt con mucho acierto. Se hizo posible mediante un desplazamiento en el lenguaje, lo que se muestra en su forma más pura en Mi lucha, donde no hay ningún ‘tú’, sólo un ‘yo’ y un ‘nosotros’, que posibilitan el convertir el ‘ellos’ en ‘eso’. En ‘tú’ estaba la decencia. En ‘eso’ estaba la maldad.

¿Pero fue el ‘nosotros’ el que la ejercía?

Para protegernos, empleamos el marcador de distancia más poderoso que conocemos, la línea de demarcación que separa el ‘nosotros’ y el ‘ellos’. Los nazis se han convertido en nuestro gran ‘ellos’. Fueron ‘ellos’ los que mediante su demoniaca y horrenda maldad exterminaron a los judíos e hicieron arder el mundo. Hitler, Goebbels, Görin y Himmler, Mengele, Stangl y Eichmann. El pueblo alemán que ‘los’ siguió también es para nosotros ‘ellos’, casi tan monstruosos en su carencia de rostro y humanidad febril de masas como sus líderes. La distancia del ellos es enorme, lanzan esos eventos históricos cercanos, conocidos por nuestros abuelos, a una especie de abismo medieval. Al mismo tiempo sabemos, todos lo sabemos, aunque no todo el mundo lo reconozca, que también nosotros, si hubiéramos formado parte de aquella época, habríamos desfilado bajo la bandera del nazismo. En Alemania, en 1938 el nazismo gozaba de consenso, era lo correcto, ¿y quién quiere o se atreve a hablar en contra de lo correcto? La gran mayoría de nosotros opinamos lo que opina todo el mundo, hacemos lo que todo el mundo opina y lo hacemos porque ese ‘nosotros’ y ese ‘todo el mundo’ son los que fijan tanto las normas como las reglas y la moral de una sociedad. Ahora, cuando el nazismo se ha convertido en ‘ellos’, es fácil distanciarse, pero no lo era cuando el nazismo era ‘nosotros’. Eso es lo primero que tenemos que entender si queremos entender lo que ocurrió, cómo fue posible…”.

 

Un sencillo ejercicio didáctico consistente en preguntas sobre los hechos bélicos más mediáticos del presente e hipotéticos del futuro le puede ayudar al que por curiosidad lo efectúe a ubicarse a sí mismo dentro del crisol de pronombres que nos propone el noruego en su explicación. ¿De qué lado estaba usted en febrero de 2022 cuando lo de la invasión rusa de Ucrania y de qué lado está hoy, tres años después de aquello? ¿Qué sintió su corazón y pensó su cabeza cuando se enteró de las atrocidades perpetradas por Hamas en suelo israelí el 7 de octubre de 2023, y qué ante la respuesta inmisericorde e indiscriminada del Estado de Israel en Gaza, Cisjordania y el Líbano? ¿De parte de quién estaría usted en una posible Tercera Guerra Mundial que enfrentara a, verbigracia, el eje chino y ruso más sus aliados con el estadounidense y europeo más los suyos? Ahora, en un orden de cosas menos cruento y catastrofista… ¿Qué diferencia le parece que habría entre una posible invasión a Canadá, Panamá o Groenlandia ordenada por Trump o la que los chinos pudieran adelantar en Taiwán si se las compara con la de los ucranios a manos de los rusos? ¿Qué diferencias se le antoja que subyacen entre la invasión y destrucción de Gaza a manos de Netanyahu y sus hombres y la de Ucrania a manos de Putin y los suyos? ¿Qué sensaciones le suscita, pongamos, la diáspora venezolana producto de la narcodictadura chavista si se la compara con las deportaciones que a grandísima escala prometen el criminal convicto Trump y su fascista plutocracia al mando? ¿En cuál o cuáles de estas situaciones concretas o factibles su ‘yo’ forma parte del ‘nosotros’ y en cuál o cuáles se distancia para señalar con el dedo al ‘ellos’ o al ‘eso’? En otras palabras: ¿cuál o cuáles de esas situaciones merecen tener en medio a un ‘tú’ y cuáles definitivamente no?

 

Adenda: al menos yo -no puedo sino hablar a título personal en esta ocasión-, maestro, me doy por notificado y se lo agradezco de veras: “…Las personas decentes se distanciaron de todo eso, pero no fueron muchas, algo que merece la pena tener en cuenta, porque ¿quiénes seremos el día que se ponga a prueba nuestra decencia? ¿Nos atreveremos a contradecir lo que opine todo el mundo, lo que opinen nuestros amigos, vecinos y colegas, e insistir en que ellos son indecentes y nosotros decentes? El poder del nosotros es grande, casi irrompibles sus lazos, y todo lo que podemos hacer es esperar que nuestro nosotros sea un buen nosotros. Porque si llega lo malvado, no llegará en forma de ‘ellos’ como algo ajeno que podamos rechazar fácilmente, llegará en forma de ‘nosotros’. Llegará como lo correcto”. A falta de ningún Dios al que pedirle nada, ¿de qué maniobras me valgo yo, Knausguítar, para que mi fatum me depare decoro y dignidad, y no en escasa medida, llegado el momento y ante la peor de las tesituras?

 

911. ¿Quiere usted saber cuánto ha cambiado el mundo que teníamos por civilizado entre 2011, cuando Knausgard escribió esto, y febrero de 2025, cuando estamos cerca de que se cumpla el primer mes de Trump el delincuente convicto y su panda plutócrata de rufianes de la extrema derecha en la Casa Blanca? Oigan al noruego y saquen conclusiones:

 

“Leer los textos escritos en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial es como leer textos legales de una sociedad antigua que ya no están en vigor. Las ideas constituyen en sí un sistema comprensible y con sentido, pero ya no está relacionado con la realidad práctica. Las ideas sobre lo que es el ser humano, lo que es una sociedad, lo que es lo esencial ya no rigen para la sociedad en la que vivimos. Ningún estudiante de instituto sacrificaría hoy la vida por su país, ningún veinticincoañero le encontraría hoy valor a la muerte de dos millones de seres humanos. El fenómeno es simplemente inconcebible, salvo como una anormalidad. Considerar la democracia como la expresión de la decadencia y el liberalismo como indigno tampoco son ideas que se suelen ya defender, y si así fuera, sus defensores serían linchados en público. Lo antidemocrático es tabú, entendido en su significado original, es decir, algo que la sociedad considera que no puede tratar…”.

 

¿Qué pensará hoy el gran Karl Ove si ve lo que yo el otro día en la DW: a un grupo de estudiantes ucranianos de secundaria, dispuestos a marchar al frente no bien cumplan los dieciocho, para defender a su país de los fascistas que los invaden y aplastan? ¿O cuando lee que ‘La ultraderecha europea celebra en Madrid la vuelta a la Casa Blanca de su “compañero de armas” Donald Trump’; que ‘…Rusia expande al mar Báltico su enfrentamiento con la OTAN’ con sus ‘Sabotajes y escaramuzas’; que ‘Europa se rearma ante la amenaza rusa: la OTAN sigue siendo la pieza clave’; o ‘El mundo en llamas: ¿Segunda Guerra Fría o Tercera Guerra Mundial?’; que ‘El papa Francisco arremete contra las deportaciones masivas de Trump en una carta a los obispos de EU’; que ‘La extrema derecha va ganando terreno poco a poco en Europa: Alemania y Francia, en la mira’; que ‘Trump sugiere presiones económicas o militares para lograr el control de Groenlandia o el canal de Panamá’ y que ‘Trump insiste en comprar Gaza y convertir a Canadá en el estado 51’? ¿Se obstinará contra toda evidencia presente en su convicción de que “nuestro mundo tiene un reverso, el llamado Tercer Mundo, donde la violencia estructural es tan despiadada y destructiva como lo fue en su tiempo en Europa, y si se levantara contra nosotros no es seguro que lo bueno y lo malo, lo moral y lo inmoral, lo verdadero y lo falso se mantuvieran tan claramente diferenciados como lo están hoy”?

 

Adenda(s): yo que usted, maestro -y perdóneme el atrevimiento-, me curaría en salud desagraviando a esta parte del globo con una actualización de su análisis de hace apenas quince años pero que paradójicamente suena a antediluviano; no sé… en previsión de que por allá las cosas se pongan de verdad malucas y le toque buscar, con su nutrida prole, cobijo en estos andurriales que, irónicamente, podrían volver a constituir la salvación para millones y millones de orgullosos ciudadanos del Primer Mundo que se vean obligados a huir del horror. ¿Que “leer los textos escritos en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial es como leer textos legales de una sociedad antigua que ya no están en vigor”?: háganle caso más bien a Constaín y lean juiciosos ‘Entre las sombras del mañana’, o a mí que les recomiendo ‘El mundo de ayer’ y mantenerse ojo avizor.

 

912. Si, como promete Trump -de Netanyahu y sus carniceros ya conocemos los alcances-, están prontas a abrirse de par en par las puertas del infierno en principio para los palestinos de Gaza y Cisjordania, pasados unos años y perpetrado el Holocausto, serán los palestinos que sobrevivan al genocidio y los musulmanes que no los traicionen quienes reconozcan a los judíos que se opongan con una distinción análoga a la de Justo entre las Naciones.

 

913. Que otros envidien, veneren y adulen a los multimillonarios de Silicon Valley o a los famosos de cualquier parte y oficio (todos con el lastre insoportable de su mortalidad a cuestas) mientras yo lo hago en secreto con personas concretas (veinteañeros en pleno acueste con sus veinteañeras novias) y con personajes con nombres y apellidos:

 

“…Todo esto, como el lector ha visto de principio a fin, carecía de fundamentos tanto como los sueños de la filosofía: Yorick, sin duda, como dijera Shakespeare de su antepasado,-‘era un hombre de gracia infinita’, pero había algo en su temperamento que le impedía gastar bromas pesadas como ésta o como muchas otras que se le atribuían asimismo inmerecidamente;-pero precisamente era esta la gran desgracia de su vida: sin cesar se le imputaban cosas que él, por naturaleza (y a menos que el aprecio me ciegue), habría sido incapaz de decir o hacer. Lo único que le reprocho-(o, mejor dicho, lo único que alternativamente le reprocho y me gusta de él) era aquella singularidad de su carácter por la que nunca se tomaba la molestia de desmentir, delante de todo el mundo, historias como la que acabo de contar: aunque ello estuviera en su poder. Cada vez que era objeto de este tipo de malos tratos, se comportaba exactamente igual que con el asunto de su escuálido caballo:-podría haber dado una explicación para salvaguardar su honor, pero su espíritu se encontraba por encima de ello; y por otra parte, era incapaz, en presencia de personas que hubieran inventado, propagado o creído mezquinos e injuriosos rumores relacionados con él,-de rebajarse a contar su propia versión;-y así, confiaba en que el tiempo y la verdad lo harían por él.”

 

Ya querría yo, llegado el momento -cada que se presente el momento-, conducirme con esta mezcla inaudita de seguridad en mí mismo, amor propio, serenidad, ponderación y fatalidad que hasta la fecha, si mal no recuerdo, no le he visto a nadie de carne y hueso justamente por eso: por la carne y por el hueso.

 

914. Ni a Tristram Shandy o a su demiurgo ni a mí se nos escapa, como sí a una inmensa mayoría de los intelectuales-literatos que en el mundo son y han sido, la certeza de que la filosofía también fluye incluso entre personas que jamás pisaron una escuela pero que de haberla pisado… Ahí están, para corroborarlo, el cabo Trim con su facundia tan sencilla como persuasiva, y mi amigo Harold Soyuz, con su para mí inmortal Usted podrá ser, vecino, profesor y no sé que más cosas pero eso a mí no me importa porque nadies es más que nadies: “Por esta mezcla os amo;-y es esa deliciosa mezcla que hay en vuestro interior lo que os hace ser, queridas criaturas, lo que sois;-y quien os odie por ello,-lo único que puedo decir al respecto es-que o bien tiene una calabaza por cabeza-o una asperiega por corazón;-y cuando lo disequen, así se descubrirá”.

 

915. ¿Un deseo? Que ya mismo se pongan en contacto los generales Óscar Naranjo Trujillo y Rosso José Serrano Cadena con los capitanes Pantaleón Pantoja, Toby Shandy y Diego Alatriste y Tenorio, para que les ayuden a fraguar un golpe de Estado impecable que salve a Colombia del peor gobierno que haya conocido su historia, tan pródiga en gobiernos pésimos.

 

Adenda: el secreto mejor guardado de la campaña electoral de 2022 a la presidencia de la República fue parte del lema de quienes por desgracia terminaron ganando las votaciones: a la frase ‘gobierno del cambio’ le suprimieron, deliberada y taimadamente porque cómo más, los puntos suspensivos y el complemento ‘de hampones y sinvergüenzas’. Que muchos sí previmos y contra lo que previnimos, infructuosamente según cabía esperar, a indecisos y entusiastas por igual.

 

916. Ya se me figura lo que pensaría este hombre de avanzada si supiera en lo que anda el supuesto mundo civilizado tres siglos después:

 

“-Hasta qué punto mi padre creía realmente en el demonio es algo que se verá en esta misma obra, más adelante, cuando hable de sus convicciones e ideas religiosas. […] -El prejuicio de la educación, solía decir, es el demonio,-y las pilas de prejuicios que mamamos junto con la leche de nuestras madres-son el demonio y su cortejo entero.-Nos hallamos embrujados por ellos, hermano Toby, en todas nuestras elucubraciones e investigaciones; y si uno fuera lo bastante idiota como para someterse mansa y dócilmente a todas sus imposiciones,-¿en qué quedaría el libro que escribiese? En nada,-añadía arrojando la pluma lejos de sí con gran violencia;-en nada más que un fárrago del cotilleo de las nodrizas y los disparates de las viejas (de ambos sexos) de todo el reino.”

 

Déjeme que lo ponga al corriente de apenas parte de las habas que se cuecen hoy, estimado y admirado Squire: nuestras nodrizas y viejas presentes, mejor conocidas como ‘woke’, ya no responden a los dos sexos biológicos sino a una combinación tan arbitraria y estrafalaria como los discursos -por llamarlos de alguna forma- que emanan de los caletres exánimes de sus teóricos, teóricas y teóriques; los disparates y los fárragos son hoy la norma en prácticamente todas partes y lenguas, empezando por las facultades de humanidades de las universidades más respetables y los órganos legislativos de los países más poderosos; de ellas anda enseñoreada desde hace décadas -tal vez desde siempre- la extrema izquierda mientras que de ellos vuelve a tomar posesión, y con la amenaza de volver a desatar sobre el mundo demonios que andaban confinados, la más extrema de las derechas; como le digo, la educación, que nunca ha conseguido desprenderse de la política ni lo conseguirá jamás, sigue siendo y no en escasa medida prejuiciosa y por tanto cercenadora, y de ahí que si hablamos de “progreso” debamos hacerlo en términos casi exclusivamente tecnológicos y científicos, aunque asegurándonos de que aquel sustantivo quede apresado y bien apresado entre unas comillas que pongan de manifiesto los peligros de la antinomia que acarrea.

 

Adenda: no es sino que les instalen internet en la casa a los Shandy y que le pongan un ‘smartphone’ con datos a cada nodriza y vieja de que habla Tristram para que contemplen los dos palmos que en trescientos años ha adelantado esta especie que, dentro de trescientos, a saber si no los habrá desandado, y con creces.

 

917. Lástima que aquesta muchacha… ¿Jennifer Hermoso es que se llama?, quien como una mayoría abrumadora de los de su oficio piensa con lo que corre y salta, haya sido del todo incapaz de entender que su situación anecdótica con el tal Rubiales, que tiene de violador lo que ella de violada y cuyo caletre da para lo que da el de ella, fue utilizada sibilinamente por las feminastis y demás buitres del izquierdismo cancelador sin que les importara un comino que con la performance que se idearon se arruinaran en principio dos vidas. ¡Pero si aquello con una palabrota o a lo sumo con una bofetada habría quedado zanjado! Si a mí me fuera dable entrevistarme con Hermoso durante media hora, de seguro que haría hasta lo imposible por hacerla entrar en razón y, antes de retirarme, la conminaría a que cotejara las desmesuras en que los malintencionados la hicieron incurrir con realidades de verdad atroces, de las que debe de andar ayuna la futbo¿lista?:

 

“…El jueves de la semana pasada fue el Día Mundial de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina. Esta práctica es habitual en al menos treinta países, aunque no está exigida explícitamente en ninguna religión. A día de hoy se realizan cada año tres millones de mutilaciones a niñas en el mundo, sobre todo en el África Subsahariana, Indonesia, Kurdistán irakí, etc… En Europa, como resultado de la inmigración, viven más de medio millón de víctimas de esa brutal agresión, practicada especialmente en niñas y adolescentes, y ciento ochenta mil criaturas están amenazadas de padecerla.

No hay ninguna razón higiénica o teológica para esa barbarie, solo el odio psicótico y supersticioso al placer femenino. Por supuesto, que se trate de una tradición cultural no es excusa para respetarla: las prácticas vergonzosas e inhumanas no dejan de serlo por venir practicándose desde hace siglos. A la MGF, a mi juicio la peor manifestación de barbarie que hoy existe en nuestro no siempre cómodo planeta, se unen una larga serie de discriminaciones contra las mujeres enraizadas sobre todo en los países musulmanes (sí, lo siento, el islam es una mitología peor que la cristiana y ojalá no seamos nunca en nuestros países invadidos por tan dañina patraña): los talibanes-que no siempre se llaman así-prohíben a las niñas estudiar, ejercer casi cualquier oficio, ir lo destapadas que quieran por el mundo, moverse sin la protección de un varón por la sociedad, etc. A veces cuando nos visita algún sátrapa arábigo debemos aceptar que no quiera dar la mano a una de nuestras representantes democráticas, como si le repugnase el contacto con una carne humana tan respetable como la suya y mil veces más digna de caricias. En fin, ya saben de lo que hablo. […]

Entre los enemigos de las mujeres están todos los que hemos venido mencionando, a los que no pediré que Dios confunda porque bastante se confunden ellos solos en nombre de Dios y su profeta, pero también los que en nuestros países más afortunados patentan agresiones sexuales y violaciones de pacotilla para dar la impresión de que el aciago destino de las hembras humanas es vivir en guerra permanente con todos los machos que las rodean” y para, congraciándose con ellas, intentar llevárselas a la cama o sacarles el voto en las próximas elecciones.

 

Cuando ya me iba, volví sobre mis pasos y le propuse a Jennifer que, junto con Savater y otros amigos -de los dos sexos- del heteropatriarcado más respetable de Occidente, hiciéramos causa común a favor de las esclavas de las versiones más ruines del islam y de las propias, pues también las tenemos y no en escasas cantidades. Y le regalé, ahora sí despidiéndome, un ejemplar de Solo en el mundo que llevaba encima.

 

Adenda: ¿impura una mujer que amamos o que nos trastorna, por tener la regla? ¡Pero si aquello es lo más maravilloso con que nos pueden obsequiar a sus amantes y trastornados!

 

918. Estimada y admirada Piedad: a usted que es una persona ponderada y ecuánime, hasta donde se me alcanza alérgica a victimismos de género, le quiero responder algo en relación con su columna titulada ‘Violencia machista y poder’, cuyos puntos de vista juzgo acertados salvo por la ausencia de una aclaración que considero indispensable. A manera de anécdota, le cuento que oigo a diario un par de programas radiales sobre fútbol en los que la mayoría de los panelistas son hombres. Que en uno de ellos, el periodista que conduce la charla trata a la por lo general única mujer que participa con total respeto e igualdad de condiciones en el uso de la palabra -una actitud que curiosamente permea a los demás integrantes de la mesa-, en tanto que el otro -los otros salvo uno- se conduce -se conducen- con su compañera -se trata de la misma mujer- con un paternalismo y un desdén insoportables: ella no se da por aludida o lo pasa por alto. Pero yo no porque, en mi condición de ciego de toda una vida, conozco muy bien ese tipo de discriminación que también y tan bien ejercen muchas mujeres en contra de otros a los que consideran inferiores: le podría citar ya mismo y de memoria los nombres de profesoras y profesores, jefas y jefes, colegas o simples circunstantes de los dos sexos que me menospreciaron sutil o abiertamente en principio por mi ceguera, así como los de personas maravillosas de los dos sexos que me acogieron con afecto y aun amor en sus clases, en sus despachos y aun en sus vidas. ¿Pero sabe una cosa? Yo, como muchas mujeres, además de haber sido víctima de la discriminación que tanto nos duele he sido victimario, y aquello no sólo me duele sino que mucho me avergüenza: que sea la oportunidad de pedirles perdón a todas las personas -compañeros de clase, estudiantes, familiares, amigos o simples circunstantes- que se hayan sentido afectadas en su amor propio de resultas de un comentario estúpido o hiriente por mi parte, o de una actitud desobligante o grosera que jamás debió ocurrir. Entono mi más sentido mea culpa al unísono con un propósito de enmienda indeclinable: el único antídoto eficaz que conozco contra los efectos más deletéreos de la autocomplacencia.

 

919. “Se debería considerar, si no rara, sí desaconsejable la tendencia de muchas personas a ser fieles a las ilusiones, ideas u obsesiones que tenían al final de la adolescencia y comienzos de la edad adulta. En esos años, el ardor y el entusiasmo son intensos, en contraste con el conocimiento y la experiencia posteriores, sin los cuales no hay sabiduría posible. La vida le va mostrando a uno las contradicciones de sus idearios, con frecuencia a las malas. Sin embargo, abunda la gente que a los 60, 70 o más años todavía sostiene las ideas que defendía a los 20, a pesar de la caída de los Muros de Berlín, de la demostración de crímenes de Fidel Castro, de las consecuencias nefastas del uribismo radical, de los catastróficos consejos de ministros televisados y demás cataclismos que les hayan caído encima. Una ley un poco exótica es que la mayoría de la gente nunca cambia, a pesar de las drásticas alteraciones del mundo. Me temo que esto habla mal de la inteligencia de las muchedumbres”: ¡pero de cuáles muchedumbres habla usted, hermano, que tiene entre sus colegas de oficio a un Santiago Gamboa, a una Cecilia Orozco Tascón y a un Julio César Londoño, cuyas dotes en el ejercicio del periodismo de opinión corren parejas con sus sectarismos políticos! Ahora: ¿pesa lo mismo la inteligencia de un tipo ecuánime y ponderado como usted que la del tallerista Londoño o la del escribidor Gamboa? ¿O la de María Jimena Duzán, dueña de una sensatez y una reflexividad muy escasas en el oficio, que la de la ultraesperpetrista Orozco Tascón? Lo ofendería si le respondo.

 

Adenda: para que se hagan cargo de los tres caminos políticos por los que pueden optar sendas personas que se dedican a la escritura si bien con suertes disímiles, comparen el contenido y los argumentos de ‘El desgobierno, en vivo y en directo’, del escritor Juan Gabriel Vásquez, con los de ‘Los deportados y el consejo de ministros’, de Londoño, y con el mutismo deliberado de Gamboa.

 

920. Si lo sabré yo: “Las noches de insomnio son páramos donde los minutos se vuelven hostiles. Intentas domesticar la mente, respiras hondo. Tratas de alejar los pensamientos inquietantes, el desasosiego al acecho. El viento susurra en vano su nana, los perros ladran a la luna. Transcurre una lenta procesión de horas, la tristeza se adensa: si no duermes, mañana estarás abatida. Tu cerebro ordena: serénate. Pero cuanto más te esfuerzas en atrapar el sueño, más lejos escapa”: tal cual. ¿Has acaso probado, Irenita entrañable, con melatonina? Te cuento que a mí mucho que me ha ayudado. Y cuando las cosas como que amenazan con volver a descarrilarse, a mano tengo el bendito alprazolam que, administrado con sabiduría -a razón de una vez por semana y sólo si se precisa-, evita el desmadre. Me cuentas si te obró mi muy personal -lo será de miles- milagro que debo a la ciencia.

 

921. Si entre Colombia y los Estados Unidos no mediara un abismo de las proporciones de un agujero negro, sería como para parangonar a los dos enanos desquiciados y resentidos que hoy los gobiernan. Los dos, tan hábiles en marrullas cuanto enemigos de las democracias que los llevaron al poder; los dos, protectores de sus secuaces y enemigos a muerte de sus contradictores; los dos, propaladores de infamias y bulos a granel; los dos, ejemplos dicientes de la imparable y generalizada depauperación -en las dos acepciones del término- intelectual de nuestras sociedades; los dos, respetados hasta la idolatría por sus caudas extremistas, a las que con lujo de detalles representan con sus malas artes y prontuarios delictivos. Los dos, en fin, malandrines indeseables que se ve obligado a sufrir por partida doble alguien que, como yo, decretaría ya mismo sus muertes si gozara de la dicha de poder hacerlo.

 

922. Medioevo Científico y Tecnológico:

 

“A veces los pueblos eligen esa peculiar forma de suicidio que es la ignorancia. He asistido perpleja las pasadas semanas a una auténtica orgía de mentecatez en los medios de comunicación, que pasearon a troche y moche a un patético exfutbolista con cerebro de ameba que anda repitiendo la monserga de que la Tierra es plana y de que nos tienen engañados. No entiendo la razón de que semejante memez analfabeta pueda ser considerada digna de ocupar ni medio segundo del interés de la audiencia; lo siguiente será hacer tertuliano a alguien que sostenga que dos más dos son doce o, aún mejor, que la muerte no existe, que los cementerios no son más que un decorado y que los supuestos fallecidos en realidad han sido secuestrados por científicos malvados para utilizarlos en horrorosos experimentos (no me digáis que este relato paranoico no es una historia perfecta para los menteplanistas). No, amigos, no. Los disparates no son interesantes, ni resultan una pizca de divertidos, ni se pueden sacar a pasear sin consecuencias por la normalidad pública. […]

Cuando, en mi primera adolescencia, me enteré de que, a lo largo de su historia, la humanidad había olvidado cosas esenciales que sabía, me quedé horrorizada. A mis 12 o 13 años no me cabía en la cabeza que el conocimiento pudiera deteriorarse de tal modo. ¡Pero si por lo visto los egipcios sabían anestesiar, y luego los humanos sufrieron y sufrieron atrozmente durante milenios hasta que volvió a inventarse la anestesia en 1846! (Lo leí en un libro de divulgación para niños). Hoy sigo obsesionada por esa caída en los abismos intelectuales. Pensar que en el siglo VI antes de Cristo Anaximandro y Pitágoras ya dijeron que la Tierra era redonda, que en el siglo III antes de Cristo Eratóstenes incluso midió la esfera empíricamente, y que ese conocimiento se perdió en los años oscuros de la Edad Media. Influyó el dogmatismo religioso, hasta el punto de que incluso San Isidoro de Sevilla, el mayor sabio del siglo VII, optó por una fórmula de compromiso con la fe y, aunque conocía bien a los científicos griegos, dictaminó que la Tierra era plana dentro de un cielo esférico.

Yo pensaba que esta catástrofe intelectual se podía explicar por las guerras, las pestes, las oleadas de bárbaros, la estrategia bélica de la tierra quemada y, sobre todo, por la precariedad del soporte en que se recogía el conocimiento y la dificultad de su difusión. Y que en nuestros tiempos, hiperconectados, informados y documentados, esto sería imposible. Pero ya ven. La zopenca idea de la Tierra plana resurgió a mediados del siglo XIX como un dogma de pequeñas comunidades ultrarreligiosas norteamericanas, y ahí permaneció como un virus en letargo hasta que ha hecho una impensable eclosión en lo que llevamos del siglo XXI. Y no es solo el terraplanismo, claro está; son todo tipo de frikadas mentales conspiroparanoicas, desde que te meten chips con las vacunas a que la nieve es falsa y un complot del Gobierno. Así que da igual lo que se sepa: podemos volver a hundirnos en las tinieblas, porque, como digo, a veces los pueblos eligen suicidarse. Supongo que es el miedo a este mundo tan cambiante, tan amenazador y tan incomprensible lo que les hace comportarse así. Y esta revolución tecnológica tan acelerada que se sienten incapaces de seguir: por eso para ellos los mayores malvados son siempre los científicos. Todo esto no tiene ninguna gracia y es peligroso. Basta ya de dar un lugar de normalidad a los delirantes. El lado oscuro de la fuerza es la ignorancia” (Rosa Montero).

 

Salta pues a la vista que vivimos tiempos de gran confusión y caos -los contradictores vocacionales dirán que todos lo han sido-, empeorados por el hecho de que en cada persona conectada desde sus dispositivos a la red hay un potencial propalador de infundios y desinformación, y de ahí el creciente bullicio y la imparable pugnacidad que nadie sabe cómo gestionar. Ese desconocimiento sin solución a la vista, así como -entre muchas otras- las realidades descritas en la cita, son lo que me lleva a afirmar aquí que discurrimos por una segunda Edad Media -con el perdón del prístino Medioevo, tan en paz (por comparación) al menos con el planeta- si bien científica y tecnológica, que anda por sus albores. Al rigor de los historiadores corresponde determinar sus orígenes y estudiar a fondo, transcurrido el tiempo que haya menester, sus implicaciones y pormenores. Que ya aterran.

 

923. Para cuando los presentimientos de otra sabia como pocos quedan estén con creces justificados por los hechos, que no se inculpe en primer grado a los urdidores y perpetradores, sino a los corazones mezquinos -sus caudas- y a los idiotas útiles que les dieron su voto o con su abstención los auparon: “En plena pandemia, mi padre me preguntó: ‘¿Tenés miedo?’. Le respondí: ‘No tengo miedo de morirme. Tengo miedo del mundo que va a venir después’. Ese mundo ya está aquí. Y lo que siento no es miedo sino algo mucho peor”.

 

924. ¿Pero es que acaso piensa la columnista y ultrafeminasty Elvira Lindo que todos sus lectores adolecemos de pésima memoria, como para que, haciendo gala de un cinismo trumpiano, intente ahora desmarcarse de su militancia en lo más ramplón de la iglesia woke?:

 

“…En ese país, Estados Unidos, donde nos advertía Scott Fitzgerald que no existían las segundas oportunidades, la cultura se ha dejado siempre definir por la herencia puritana. No son “ somos “los woke, como afirma ahora la derecha, quienes han” hemos “inventado la censura, es algo que viene de lejos, de siempre, que imprime el carácter colectivo desde el fanatismo religioso que construyó país. Ambos, progresistas y reaccionarios, han” hemos “echado mano siempre de la misma penitencia: convertir a los pecadores en invisibles para que sufran el peor castigo social que un ser humano puede padecer. Algo peor que responder de tus delitos ante un juez es experimentar el rechazo social. […]

Los ciudadanos americanos comprenden sus reglas, se han educado con ellas, forman parte de su cultura. Son capaces de borrar al primer actor de una serie o desterrar de la gloria a un cómico haciendo como que jamás existió, como lo fue en otra época repudiar a una actriz por adúltera. La exclusión pública responde a un juicio popular, a una especie de lapidación hoy en día virtual ante la que las empresas reaccionan clavando el estoque definitivo. Lo terrible es que la cultura imperial es tan avasalladora que estamos calcando sus leyes. […] Nadie merece el aislamiento social. Y todos los que han” hemos “tirado una piedra quedarán” quedaremos “como hipócritas…”.

 

Cuánto me gustaría entrevistar al Luis Rubiales lapidado por Lindo en “’Sará perché ti amo’, Jenny Hermoso” para saber qué opinión le merece la reflexión anterior en boca de alguien que a él no le respetó ni la presunción de inocencia ni el debido proceso. Supongo que asco, y tanto más asco si el pobre supiera que hasta la fecha (20 de febrero de 2025) la columnista no ha condenado de ninguna manera las barbaridades (violaciones, descuartizamientos, secuestros…) perpetradas por Hamas en suelo israelí el 7 de octubre de 2023. “Las miserias aborrecibles de las militancias”, concluiría al cabo el simple aquel si lo suyo fuera pensar.

 

Adenda: si Luis Rubiales no fuera Luis Rubiales sino Woody Allen, es decir un artista al que mucho admira la columnista, su derecho a la presunción de inocencia y al debido proceso habrían corrido una suerte muy distinta en el artículo en cuestión.

 

925. Por qué no lo habría de decir: envidio a los abortos y no se diga a las vidas que no fueron, pues ni sobre ellos y mucho menos sobre ellas pesan las diez mil -por decir cualquier cantidad- infamias a gran escala que los sapiens hemos perpetrado con total impunidad. De entre todas, las que más me avergüenzan y me hacen desear la muerte son las que nos convierten en verdugos de los animales y la naturaleza, y de ahí que pastoree mis insomnios fantaseando, a más de con recuerdos de amores que atesoro como con otros que no pudieron ser, con el punto final del antropoceno, que la evolución bien se habría podido ahorrar.

 

926. ¿Qué se le agrega a la completitud?: “Cuando la raza humana desaparezca de la Tierra, se oirá por todo el mundo, desiertos, selvas, montes y valles, a todos los animales del planeta gritando cada uno en su lengua: ¡albricias!. Pájaros de todas clases, jilgueros, mirlos, golondrinas y también cuervos y otras aves de rapiña podrán hacer sus nidos y poner los huevos en la Capilla Sixtina. El Despacho Oval de la Casa Blanca, el trono del palacio de Buckingham o el sillón de oro del Kremlin estarán ocupados por sucesivas dinastías de chimpancés y visto desde el universo, nadie será capaz de distinguir la diferencia en este cambio de régimen. Durante su reinado irá creciendo la hiedra hasta la rodilla en el asfalto de todas las ciudades, en la Quinta Avenida, en los Campos Elíseos, y luego ascenderá por las paredes hasta lo alto de los rascacielos y toda la cultura de nuestra civilización, el Louvre, el Museo del Prado, la Galería de los Uffizi desaparecerá bajo las ruinas. La aventura de la humanidad habrá sido solo el chisporroteo de una cerilla que prendió un enigmático creador frotándola en su trasero. Tarde o temprano esto sucederá y ya no tendrá sentido haber esculpido el David de Miguel Ángel, haber escrito el Quijote, ni haber pintado La Gioconda. Todo habrá sido un juego vano de unos seres que se creyeron dioses. Pero tal vez, cuando la humanidad desaparezca, la belleza quedará a salvo en suspensión en el aire y los vencejos la llevarán en el pico gritando…”. Que, bien mirado, no estaría mal ser uno de los encargados de apagar las luces y asegurar las puertas, cuando el inconducente y jodido antropoceno se avenga por fin a expirar.

 

927. Ah, ¿Que quieren ustedes conocer de buena fuente los estragos que los esmarfones, el WhatsApp, las redes sociales y demás entretenciones opiáceas les han acarreado en principio a los niños y a los adolescentes? Pues muy sencillo pese a lo complicado. Lea completa -complicado- El idiota y, una vez surtido aquello y repuesto de la honda impresión que le infligió Dostoievski con esa obra, dedíquese a observar -sencillo- a los Kolias de su familia y del entorno para que caiga al cabo y sin remedio en la certidumbre de que entre ellos y el personaje de papel la única coincidencia que cabe establecer es la edad.

 

928. Como si me estuviera viendo, maestro: “Observar con detenimiento a esos tipos que en los conciertos se adelantan unos segundos a todos los demás en aplaudir, no tanto movidos por el entusiasmo como para dejarle claro al auditorio que ellos conocían a la perfección la pieza y que tal silencio era el final y no pausa entre movimientos. Estudiarlos bien, mirar a esas mujeres y esos hombres a la cara. Son los mismos que en el colegio estaban todo el día con el brazo levantado, las mismas que le llevaban el breviario a la monja, los mismos que en la mili le hacían la pelota al sargento, los mismos que en un momento determinado irían a la policía a delatarte, ellos, tan melómanos, tan sensibles”.

 

Permítame que vaya de atrás hacia delante: lo de sensible y melómano, que por descontado, no me inhibe de denunciarlo a usted o a cualquiera que tenga que estar encerrado a fin de que no cause daño. Si me hubiera tocado prestar el servicio militar que no presté gracias a la ceguera, y el sargento de que me habla me hubiera salido maltratadorcito el muy hijueputa, es bastante probable que me hubiera hecho moler a palos antes que agacharle la cabeza, a él ni a nadie -¿o sí?: lástima que con la perra vida nunca se sepa-. De haber sido señorita de colegio de monjas, no lo dude ni un solo segundo que les habría cargado el breviario y los libros a las que se lo merecieran, y claro: en las clases que más me gustaban, siempre fui de los que se partían por hacerse visibles para poder participar y ojalá llevarse las felicitaciones del profe. Desde hace ya algún tiempo, asisto a los conciertos con las obras estudiadas, entre otras cosas para no ser uno de los que aplauden a rabiar entre movimientos sino uno de los que usted censura y reprueba: en Colombia suelen tildarnos de sapos o de lambones, los unos por cochina envidia y los otros… por la razón que sea. Pero mire lo curioso: si usted viniera a Bogotá, pongamos a la feria del libro, estoy prácticamente seguro de que no iría a oírlo pese a admirarlo como lo admiro. Y si fuera, bajo ningún concepto a usted me acercaría para decirle nada o con la excusa de un autógrafo, pues tales melifluidades me ocasionan un repelús que no me explico. Subrayo lo de curioso porque al profesor que fui siempre lo subyugaron los sapos y los lambones, que jamás tomé por tales sino por simples entusiastas del aprendizaje o de lo particular que a algunos les resultaba tener enfrente a un profesor ciego.

 

Adenda: para que se ría un poco o hasta mucho de este servidor, lo invito a que lea, maestro Trapiello, mi desahogo 317. Tal vez experimente el júbilo que yo cuando alguien que muy mal me cae hace el ridículo en cualquier parte, y no se diga en mi presencia.

 

929. “Es increíble la manera cómo nos las hemos ingeniado todos para que a los terroristas de Eta y de Hb en vez de llamarles lo que son, a saber, estalinistas y bolcheviques, se les llame fascistas. De este modo el estalinismo y el comunismo de corte leninista quedan una vez más a salvo. Incluso cuando se les llama ‘los violentos’ se percibe un matiz cariñoso o cuando menos doméstico, como al decir de un niño que es revoltoso, cuando sería más exacto empezar a hablar de ‘los siniestros’”: tres décadas mal contadas han pasado desde cuando usted escribiera esto y por acá seguimos llamando a las gonorreas -un saludo para mi maestro Fernando Vallejo- del Epl, de las Farc y del Eln insurgentes, guerrilleros y alzados en armas: Dígame si no es como para morirse de desconsuelo y desesperanza. O de atrabilis si a quien se oye o en quien se piensa es en el calavera del M19 al que, en 2022, más de once millones de colombianos entronizaron con su voto en la presidencia, que harto desprestigiada ya andaba.

 

930. Yo, que a fuer de mi ceguera formo supuestamente parte de las luchas que libra el movimiento ‘woke’, el cual integran mayoritariamente mamertos recalcitrantes de la academia, la política y círculos de pseudointelectuales, cultores y explotadores por excelencia de la filantropía telescópica, me declaro abiertamente contrario al oportunismo de tales bichos cuanto partidario de los derechos que asisten a las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transexuales…; los negros, los cobrizos, los amarillos, los mestizos…; los sordomudos, los paralíticos, los ciegos y todos los discapacitados a los que la bazofia humana que tienen por presidente los argentinos pretende volver a calificar de “imbéciles” y de “idiotas”. Y mucha atención, minorías del mundo y compañeros todos de tribulaciones congénitas o devenidas: si no nos unimos ya mismo y dejamos de lado las insustancialidades por las que lucha cada grupúsculo, los Bukele, Miley, Trump, Putin, Abascal, Weidel, Netanyahu, Kickl, Le Pen, Orbán y demás mierdecillas de la extrema derecha mundial nos lo van a hacer pasar mal pero muy mal. ¿Que los europeos tienen un faltante de, mal contados, trescientos mil soldados para hacerle frente al trumputinismo que se les vino encima? Pues imposible que entre todos nosotros no juntemos y aun superemos con creces esa cantidad: seré muy ciego pero pónganme delante a la vaca naranja o al bicho del Kremlin y denme con qué que yo, dichoso, se los acuesto. Ahí les dejo entonces, muchachos, la propuesta para que le echen cabeza… aunque no mucha porque se arriesgan a que se la tumben de un tiro o de un machetazo si no despabilan rápido.

 

931. Les recomiendo a mis compatriotas que no pierdan de vista esto que se pregunta y en lo que reflexiona Juan Gabriel Vásquez, trátese de las elecciones presidenciales de 2026 o de 2030, de 2038 o de 2046, de 2062 o de 2074, de 2090 o de 2106 puesto que el diagnóstico va a ser siempre el mismo: “¿Es que no hay candidatos que sean al mismo tiempo capaces de gobernar y de no mentir? Yo creo que sí los hay. Otra cosa es que seamos capaces de verlos. Somos demasiado sectarios, o estamos cegados por una ética de guerra que nos impide ver con claridad”.

 

Adenda: si a la última proposición de la cita se le suprime la coma y se cambia la conjunción ‘o’ por ‘y’, el dictamen es perfecto.

 

932. Siempre que, deslenguado y lenguaraz o lenguaraz y deslenguado digo y sostengo, frente a cristianos de por acá que no vacilarían un solo segundo en votar si pudieran por Trump y Netanyahu o a izquierdópatas que se autodenominan defensores de los derechos humanos al tiempo que reverencian a Xi y a Putin, que maravilloso sería que alguien del círculo más próximo de esos y de todos los tiranos les descerrajara un tiro certero en plena cabeza para de ese modo evitarles a millones sufrimientos sin nombre, unas y otras ternezas condenan con acritud mi falta de humanidad y amor por el prójimo. Barrunto que entre el punto de partida que comporta su de momento recriminación y que se decidan a pasar adelante y proceder en mi contra como yo mismo invoco, o con la sofisticación en la crueldad de sus referentes en el caudillismo, no es que medie una gran distancia. Más bien todo lo contrario.

 

933. Figúrense: si un enano, emponzoñado de rencor hacia el grueso de la especie y blandiendo una barbera resulta peligroso, qué serán dos, amangualados y bien avenidos:

 

“…Cada día queda más claro que Vlad el Terrible es el alma gemela de Donald el Loco. […]

Son almas gemelas, dos líderes de temperamento dictatorial que comparten una mezcla peligrosísima de resentimiento y complejo de inferioridad. Hablamos (piensen en Hitler) de un perfil psicológico clásico. Antes de ascender al trono, Donald se sintió menospreciado por la élite social e intelectual de Nueva York, donde nació y se crió. Quería ser valorado por ellos, y por gente infinitamente más inteligente y refinada que él, como Barack Obama, pero no había manera. Obama, de hecho, se reía de él. En público.

Putin sabe, en el fondo, que Rusia es un país que está muy por debajo de sus grandes pretensiones. Que perdió la guerra fría y luego la tercera parte de sus tierras, las que estaban bajo el control de aquel experimento fallido, la Unión Soviética. Que en los 36 años desde entonces Rusia no ha llegado ni remotamente a la altura de países cada día más prósperos como Estonia, Polonia o Letonia, como sería Ucrania si la dejaran en paz. Que Rusia no produce nada aparte de materia prima y, si no fuera por su arsenal nuclear, sería un país de vulgares oligarcas y políticos corruptos con media población hundida en la pobreza, al mejor estilo bananero, salvo que hace frío.

Pero Donald es tan ignorante, tan infantil y tan estúpido que no lo ve. No solo se deja manipular por Putin, no solo se cree el postureo machote del ruso, aspira a ser como él y a convertir su país en un paraíso de oligarcas (Musk, Bezos, Zuckerberg, etcétera) en el que la fuerza es la ley. O sea, en un Estado mafia. Zelenski, que sueña como todos los ucranianos” de bien (un puñado habrá que por cálculo o genuina majadería añoren el pasado) “con vivir en un país como Estonia, Polonia o Letonia -países independientes y democráticos-, es un estorbo, al que hay que pisotear como” a “una hormiga. En eso están el Rey Donald y el Zar Putin, y eso lograrán si no llega -si no es demasiado tarde- la caballería europea al rescate.”

 

Ante la imposibilidad de saber nada en absoluto de lo que se avecina, me conformaría con conocer el número exacto y las identidades de los votantes de Trump y de los demócratas renuentes a votar por Kamala Harris que no se perdonan su mentecatez del año pasado para, a falta de hígados para reírme de su suerte, que es la de todos, verterles un poquitito de sal en la herida. A ellos y a todo el que en lo sucesivo se vaya desplomando producto de la depresión o el desespero.

 

Adenda(s): el acoso de que fui víctima de forma sistemática en la escuela primaria donde estudié me enseñó -o eso quiero creer- que a los matones, llámense Ramírez o Daza o Putin o Trump, se les hace frente plantándoles cara y vendiendo cara la piel, o ridiculizándolos mediante la ironía y la agudeza: mejor todo junto. Al Viejo Continente le va a tocar, si no quiere sucumbir a manos del miedo y la intimidación con que pretenden sojuzgarlo los matones, recuperar -pero para honrarla sin los claroscuros del pasado- esta convicción de Ernest Renan y con ella su hoy por hoy desdibujada grandeza: “El porvenir es de Europa y sólo de ella. Conquistaremos el mundo y le aplicaremos nuestra religión, que es el derecho, la libertad, el respeto al género humano”. Que así sea -qué va a ser-.

 

934. Que por favor me corrijan los que saben: hasta donde se me alcanza -y se me alcanza muy poco-, el caso de un tirano de una extrema concreta del espectro ante el que humillen la cerviz no sólo sus caudas sino las de quienes deberían ser sus enemigos acérrimos fue, hasta la irrupción del hijueputin en el escenario, un caso inédito y hasta impensable en la historia de la política: un prodigio de equilibrismo e imantación que nos deja boquiabiertos aun a sus odiadores. ¿Qué tienen en común Cabello y Orbán, la Wagenknecht y la Weidel, el Esperpetro y Abascal, Lula y Le Pen, Murillo y Trump, Díaz-Canel y Musk? A más de ser todos unos bichos la mar de nocivos, su rendida admiración por el macho alfa del Kremlin y su satrapía.

 

935. Pasados unos años a partir del desenlace -enero de 2025- se sabrá o sabrán otros de qué lado estuvo cada uno de los que contaban y cada uno de los que, no contando individualmente, contaremos a la postre para bien o para mal:

 

“…Como es sabido, Elon Musk ha divulgado un vídeo hecho por inteligencia artificial que muestra una hipotética reconstrucción de la franja de Gaza tras la guerra devastadora que la ha reducido a escombros y provocado decenas de miles de muertos, muchos de ellos enterrados aún bajo esas montañas colosales e informes de hormigón reventado, vigas y hierros retorcidos.

Lo de menos es la idea que él y Trump tienen de lo que ha de ser una ciudad. De hecho, si le dieran a uno a escoger entre esas primeras-líneas-de-playa imaginadas por ellos y las ruinas sobre las que quieren construirlas, me quedaría con las ruinas. Al menos sabemos que no hay una sola ruina que no encierre una verdad profunda, y eso que tratan de exportar como un paraíso saudí se parece más al infierno que otra cosa. Cualquier aduar en el desierto, bajo el limpio techo de las estrellas y con un cuenco de dátiles al lado, es más hospitalario que esas urbanizaciones horteras.

En tres ocasiones diferentes del vídeo se ve una lluvia de billetes de banco que caen del cielo. Supongo que han tratado de establecer una analogía con el maná que Yaveh iba lloviendo cada mañana sobre el pueblo elegido.

Duran esos planos apenas segundos; se dirían dirigidos a la capa subliminal de la memoria, donde la propaganda, como el óxido, hace más daño.

En la primera de las tomas los billetes caen sobre el propio Musk que está bailando solo y con los codos en alto, haciendo el gilipollas. Baila para unas parejas de jóvenes sentados frente a él en un chiringuito. También aplauden (también son gilipollas).

En la segunda son tres niños (del pueblo elegido, o sea, blancos) los que tratan de apresar los billetes que revolotean a su alrededor como mariposas. Esta es especialmente triste, como siempre que vemos explotar a la infancia. Todo lo contrario de lo que Natalia Ginzburg decía en Las pequeñas virtudes: ‘En relación con la educación de los hijos, pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia respecto al dinero; no la prudencia, sino el valor y el desprecio del peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor a la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber’. Lo que se muestra en ese vídeo es pequeño y mezquino, y nos resultaría difícil descubrir en ninguno de los promotores de ese engendro generosidad, valor o abnegación, ebrios como están de éxito y de codicia.

Y en la tercera de las tomas, en fin, vuelve a verse a Musk. Camina muy serio y marcial, como un general al frente de sus legiones: a su espalda caen del cielo más billetes que nunca. Los que antes miraban sentados cómo bailaba, se han puesto en pie y le siguen aplaudiendo.

Se supone que esos billetes que Musk hace caer sobre sí son lo que él mismo verterá sobre esa tierra, pero teniendo en cuenta que por el tamaño y el dibujo no parecen billetes de dólares, sino recortes de papel, se diría que allí se representa el célebre timo de la estampita: quien no recoja alguno de esos billetes caídos del cielo (hay para todos), parece decírsenos, es idiota. Y para cuando se dé cuenta de que es idiota, ya será tarde.

Sobre ser una reconstrucción distópica de Gaza, es deseable que sea también inviable, si queda sobre la faz de la tierra un adarme de decencia. […]

Una y otra escena le han recordado a uno los bautizos de mi infancia. En ellos el padrino arrojaba unos puñados de perras chicas y gordas y confites a los chiquillos presentes, que nos arrojábamos sobre ellos, procediendo a la rebatiña. En medio de la algazara, había, sin embargo, un primo nuestro que se quedaba siempre un poco al margen, de pie. No quería intervenir en aquella feroz disputa. Serio, distante, indiferente. Años después me confesó: ‘Si era de justicia, ¿por qué no nos lo daban sin más?; y si no, ¿para qué humillarse y quitárselo a otro?’.

No sabemos en qué terminará aquello ni esto. Pero es deseable que alguien se quede al margen, de pie, con dignidad, recordando, como decía la Ginzburg, que hay cosas aún más importantes que el dinero. Alguien que recuerde a los horteras y a los corruptos y corruptores aquello memorable: ‘Somos pobres, sí, pero de lujo’.”

 

Para salvar el adarme de decencia que pervive sobre la faz de la tierra y que desaparecerá junto con el antropoceno y su océano de indecencia -crueldad, indiferencia y cobardía-, se precisará del ejército minoritario que integran el primo de Andrés y los como él: Quijotes más, o menos, comprometidos con la causa perdida de la salvación de una especie que, hechas las sumas y las restas, ninguna en absoluto merece.

 

936. Medioevo Científico y Tecnológico:

 

“…La impresión de acabamiento y desamparo no ha hecho más que crecer desde 1956, año de esa entrevista, y la sensación de la escritora danesa la compartimos hoy gentes de toda índole, acaso con mayor razón. Las épocas, las naciones, las civilizaciones se fatigan y menoscaban como los cuerpos. Son al fin y al cabo organismos vivos.

Como es sabido, el hito que indica el paso de la Edad Media a la Edad Moderna es el año del descubrimiento de América, y el de la Revolución francesa, el de la entrada en la Edad Contemporánea. Falta aún por saber qué nombre se le dará a la nueva era (que obligaría a darle otro a la Edad Contemporánea, una vez que ha dejado de ser contemporánea), y ya hay varias propuestas. En su día, cuando el ataque a las Torres Gemelas, algunos dijeron: entramos en una nueva época. Aquella conmoción, tan espectacular como puntual, obligó no obstante a buscar otros acontecimientos de impronta más honda en un mayor número de personas, y señalaron internet o la Inteligencia Artificial. Un renacer, otro renacimiento, han dicho.

Y sin embargo puede que la nueva era no sea sino la involución a una muy vieja, como si la Historia fuese cíclica, en efecto, tal y como la concibió Spengler, esa loca espiral que gradúa el estrato pero no la orientación.

¿Qué podremos decir? Cada día que pasa la incredulidad va en aumento. Nada de la barbarie actual estaba prevista (como tampoco la irrupción en nuestra vida de los teléfonos inteligentes). El mundo asiste con la respiración contenida al galope tendido de Donald Trump y de Vladimir Putin, desbocados por la codicia y el pillaje, Atila y Taras Bulba juntos. […]

Pero si Trump detesta de Europa todo cuanto más puede detestar el alma enferma de un nuevo rico como él (los 3.000 años que van de Homero a Proust, de Atenas a París, de Montesquieu a Churchill, con sus lentas decantaciones), Putin aún la odia más por temer que el pueblo ruso, secularmente esclavizado, emule a Europa y deje un día de temer ser libre, por primera vez al fin en toda su historia. […]

Si entramos en una nueva era, puede que se parezca a la que sumió a Europa durante nueve siglos en un Medievo gélido, feroz, oscuro. Los jóvenes no se sacudirán el pasado, como decía Isak Dinesen; será de nuevo su pesadilla y el final de esta guerra, el comienzo de otras aún más amargas y devastadoras” (Andrés Trapiello).

 

Salta pues a la vista que vivimos tiempos de gran confusión y caos -los contradictores vocacionales dirán que todos lo han sido-, empeorados por el hecho de que en cada persona conectada desde sus dispositivos a la red hay un potencial propalador de infundios y desinformación, y de ahí el creciente bullicio y la imparable pugnacidad que nadie sabe cómo gestionar. Ese desconocimiento sin solución a la vista, así como -entre muchas otras- las realidades descritas en la cita, son lo que me lleva a afirmar aquí que discurrimos por una segunda Edad Media -con el perdón del prístino Medioevo, tan en paz (por comparación) al menos con el planeta- si bien científica y tecnológica, que anda por sus albores. Al rigor de los historiadores corresponde determinar sus orígenes y estudiar a fondo, transcurrido el tiempo que haya menester, sus implicaciones y pormenores. Que ya aterran.

 

937. “¡Qué matoneo más miserable, cobarde y prepotente el que aplicaron el presidente y el vicepresidente (funesto sacamicas) de Estados Unidos al valiente Volodomir Zelenski, su rehén en la Casa Blanca!”: ¿cierto que sí, maestro Samper Pizano? Y de momento, tan calladitos muchos de los que podrían y tendrían que alzar la voz (jamás Colombia, con su Esperpetro tan irrisorio): desde luego que no la calderilla de la dirigencia mundial, sino las democracias de peso que aún se mantienen en pie no obstante las embestidas de las dos extremas, hoy unidas, ¿por primera vez en la historia de la política?, en torno a su líder y héroe Vladímir Putin, alias el Hijueputin. Se estarán diciendo los muy cándidos y cobardes que si pasan de agache, los matones (a los que más de setenta millones de entre imbéciles y bellacos entronizaron -nunca mejor dicho- en el poder con sus votos) los van a dejar incólumes y que, incluso, van a poder hacer negocios con ellos. O sea, lo de siempre: la historia que “se repite”, sólo que con nuevos atavíos.

 

938. Por descontado que a la Colombia fanática y desinformada, a más de hipócrita (una mayoría de mis compatriotas se reivindican del centro del espectro político, por el que jamás votan), no la va a gobernar, nunca, un político de la estatura que ya insinúan (¿seguirá creciendo o, por el contrario…?) las actuaciones y los pronunciamientos de Nubia Carolina Córdoba al frente del departamento del Chocó. Muy posiblemente una Laura Sarabia o una Vicky Dávila sí, por tratarse de personas surgidas de lo más mefítico de las sentinas petrista y uribista, pero no nadie, hombre o mujer, que huela a decencia y preparación para el cargo.

 

939. “Vivir sin sueños e ilusiones es una miseria; vivir sólo de sueños e ilusiones conduce a la tragedia”: ¿me promete, Carlitos, que de la mitad de lo que me apresto a confesarle nadie más se va a enterar? Mire: tengo cincuenta años y apenas dos ilusiones… por ilusas. Ni primera ni segunda: poder pichar -a la mierda la pudibundez-, desde luego que antes de suicidarme, con tres mojachas -andarán dos por los veinte y una por los tempranos treinta- de las que mi oído se prenda tanto más y sin remedio cada vez que me las topo en la tele, y con las de carne y hueso que Fortuna disponga procurarme -pero es que se ha portado tan mal y mezquina la muy puta últimamente que…-. Por otra parte, y en mi calidad de ciego congénito y total, poder conocer mediante el tacto y el olfato jaguares, panteras, guepardos, leopardos, tigres, leones y cuantos animales albergue el zoológico o la reserva natural a la que tengan a bien invitarme a fin de que pueda materializarla. Lo único que en este caso se necesita es alguien por el estilo de un empleado del zoológico Matecaña que hace ya unos cuantos años, viéndome recorrerlo en inmejorable compañía pero a todas luces inconforme con las restricciones que me imponían las circunstancias de mi yo, me preguntó si tenía idea de cómo eran los hipopótamos y si me gustaría “acariciarlos”. ¿Se imagina, hermano, un mundo en el que semejantes seres de luz no fueran la excepción -uno entre diez mil y me excedo- sino una suerte de norma? Y a ver si se levanta un par de amiguitas pa que salgamos un día de estos, o si me ayuda a divulgar lo del zoológico y salta por fin la liebre.

 

Adenda: con el respeto y la admiración que le profeso a Granés, le digo que la cagó del todo al pretender comparar literariamente al coronel Aureliano Buendía con -¡háganme el favor!- el borrachín en jefe, bribón probado y valedor de sus camaradas terroristas de toda denominación, alias el Esperpetro, Papá Petrufo o Petufo. Ese ensayo suyo, como los periodistas que ladinamente deslizan la falsedad de que las corruptelas de su desgobierno son orquestadas por otros y a sus espaldas, lo único que consigue es lavarle la cara al venal aquel y desviar la atención hacia lo nimio y lo anecdótico. Aquí lo que procede, mi estimado amigo, no es darle pábulo al charlatán elevándolo a alturas fictivas de vértigo, sino hacer lo que Wasserman en ‘Racionalidad y racionalización’, o Thierry Ways -y algunos más- en tantas de sus columnas: someterlo al juicio de los hechos.

 

940. Medioevo Científico y Tecnológico:

 

“…Pero a finales de los años ochenta del siglo pasado, con el desplome de los regímenes socialistas de la Europa oriental, pareció como si el modelo liberal y democrático se hubiera impuesto como el único posible y el único viable.

Hoy ya sabemos que era esa una ilusión falsa y necia: la reedición, más bien, además en el tono más pretencioso y arrogante que quepa imaginarse, de una idea que muchas veces ha persuadido a los hombres y los ha hecho quedar en ridículo: la idea del fin de la historia, la creencia de haber llegado a la plenitud de los tiempos como si ciertos valores y caprichos de una época en particular fueran la solución definitiva de los grandes conflictos de la humanidad.

Muchos se rieron en su momento, y con razón, del dogma democrático y liberal y su aspiración definitiva; muchos señalaron que debajo del cráter humeante de la Guerra Fría lo que venía era una erupción mucho peor con conflictos de todo tipo, demográficos, económicos, culturales, religiosos, que nadie había querido ver en su verdadera dimensión por estar pensando solo en la disputa ideológica entre el comunismo y el llamado ‘mundo libre’.

Lo que era imprevisible entonces, eso sí, salvo en el caso excepcional de unas cuantas voces agoreras y proféticas, fue el impacto político que iban a tener en el mundo entero las nuevas tecnologías de la comunicación y la información derivadas de la gran revolución que estaba ocurriendo en el mundo de los computadores y otros dispositivos que hasta entonces la gente solo usaba para trabajar, más o menos, y sobre todo para jugar el Príncipe de Persia.

Lo dijo Michel Serres, el gran sabio francés: revoluciones de verdad en la historia solo ha habido tres: la escritura, la imprenta e internet, y en el caso de esta última los efectos políticos han sido devastadores, porque lo que se pensaba que iba a contribuir como nada al fortalecimiento de la cultura abierta y democrática y el pensamiento libre, y hasta cierto punto sí, también ha sido el instrumento más eficaz para fortalecer el autoritarismo.

El problema no son los medios sino los fines, por supuesto, el problema no es internet sino el ser humano y su irrefrenable vocación autodestructiva y despótica. Aterra empezar a aceptarlo, pero lo que le faltó al totalitarismo del siglo XX para triunfar del todo fue un recurso de masificación de sus delirios y bajezas, su propaganda y sus mentiras, tan eficaz como hoy son las llamadas ‘redes sociales’.

Al ser humano le fascina la tentación totalitaria, lo enloquece, y los perversos caudillos que la encarnan no son la causa sino la consecuencia, el síntoma de un mal mayor que es colectivo y social y que refleja las pulsiones más oscuras de una especie que siempre que puede salta al vacío y lo hace feliz, orgullosa, convencida de que allí está su salvación. ¿No han visto ustedes quiénes gobiernan esto? Es la nave de los locos, el cuadro del Bosco.

Pero tranquilos: ya el presidente republicano de los Estados Unidos está al servicio de Vladimir Putin. Qué puede salir mal” (Juan Esteban Constaín).

 

Salta pues a la vista que vivimos tiempos de gran confusión y caos -los contradictores vocacionales dirán que todos lo han sido-, empeorados por el hecho de que en cada persona conectada desde sus dispositivos a la red hay un potencial propalador de infundios y desinformación, y de ahí el creciente bullicio y la imparable pugnacidad que nadie sabe cómo gestionar. Ese desconocimiento sin solución a la vista, así como -entre muchas otras- las realidades descritas en la cita, son lo que me lleva a afirmar aquí que discurrimos por una segunda Edad media -con el perdón del prístino Medioevo, tan en paz (por comparación) al menos con el planeta- si bien científica y tecnológica, que anda por sus albores. Al rigor de los historiadores corresponde determinar sus orígenes y estudiar a fondo, transcurrido el tiempo que haya menester, sus implicaciones y pormenores. Que ya aterran.