martes, 24 de febrero de 2026

Desahogos polifónicos tomo 2 (II)

1051. Si la maldad de los Truman y los Tibbets viaja en cohete espacial, la bondad de los Tanimoto y los Kleinsorge lo hace a pie y con cojera. Entre los unos y los otros, bellaca o encogida,verdean la indiferencia y la cobardía de los hombres, tan diferentes entre sí aunque al cabo tan parecidas. Por algo sirven a quien sirven.

 

1052. Siempre que alguien imaginario me pregunta si me hubiera gustado ser vidente, o rico, yo me río para mis adentros y sonrío para mis afueras mientras respondo que ni una cosa ni la otra, salvo en situaciones muy puntuales, y aclaro que lo que me hubiera gustado ser es filósofo, pero no de los profesionales con diploma sino de los vocacionales. Y no cualquier filósofo, sino un filósofo japonés, por aquello del temperamento y las formas. Los míos, para mi gran descontento y cierto ocasional contento, habitan las antípodas.

 

1053. Y pensar que muchos videntes nos dan, y a bulto, a los descendientes de Tiresias trato de ‘intestinum caecum’. Lo que soy yo, en ellos me cago.

 

1054. Oigo a mi tío Germán, o a mi madre, contar cualquier anécdota con tantos paréntesis y vericuetos que se me antoja estar oyendo al bueno de Trim contándole a Toby Shandy, su señor y mi carnal, la ‘Historia del rey de Bohemia y sus siete castillos’, la cual se torna interminable entre otras cosas porque éste lo interrumpe cada dos palabras para darle una nueva indicación, indicaciones que el escudero recoge con gran contento pese a que lo obligan a volver al punto de partida una y otra vez. A diferencia del tío de Tristram, yo me empleo a fondo para que Orfi comprenda -su hermano es un caso perdido- que la atención y la paciencia de nuestros interlocutores y oyentes no son infinitas.

 

1055. Por fin -¡al fin!- una buena razón que justifica momentáneamente la simpleza según la cual todo tiempo pasado fue mejor:

 

“Leo día tras día las noticias de las tragedias del mundo. Hace un par de siglos uno sabía rápido, si mucho, lo que ocurría en su propia aldea. Los horrores de Corea, de Ucrania, de Palestina o Sudán, llegaban, si llegaban, en barcos de vela y a lomos de mula, con años de retraso, como la luz de las estrellas lejanas. Las noticias de una masacre en Armenia o en Egipto, de una batalla en Waterloo, eran casi capítulos de una novela histórica ocurrida en otro siglo. Meses después, y a duras penas, la gente sabía lo que había pasado en las batallas de Junín o de Ayacucho. Lo del Pantano de Vargas se sabía en Antioquia una semana más tarde, como mínimo. Ahora nos caen encima avalanchas de sangre y lodo, día tras día, y vemos los niños que se mueren de hambre en Gaza, de misiles en Kyiv, de masacres en Alaska o en Amalfi. […]

Dan ganas, de verdad, de construirse un refugio subterráneo, llenarlo de enlatados y granos duraderos para sobrellevar diez años de invierno nuclear, después de un ataque respondido por error según la doctrina de la mutua destrucción asegurada. ¿Así quién anima a sus hijos a tener hijos?” (Los mismos insensatos que -y me perdona, estimado y admirado Hetícor-, en lugar de matarse como mejor les parezca, opten por construirse un búnker para dizque intentar escurrirles el bulto durante una década a los efectos de la tercera y la cuarta bombas atómicas, que ojalá no dejen en esta ocasión traza humana sobre la Tierra).

 

Maravilloso habría sido pasar por el mundo sin siquiera haberles oído la voz a Putin, a Netanyahu y a Trump; sin haber tenido que asistir al circo político de Petro y Miley, de Maduro y Bukele, de López Obrador y Bolsonaro; sin haber sabido que la Tercera Guerra Mundial se cocía a fuego vivo mientras el noventa y nueve por ciento de la humanidad chateaba y veía videos y se tomaba selfis y libraba peleas ridículas en las redes sociales. ¿Y cómo no haber envidiado a los asimismo atormentados por las razones que fueran que se murieron sin encender el radio, el televisor y el esmarfon, a los que no pude renunciar por mi adicción a la mierda de que a diario me emparamaban? Y que agradezca la posteridad que no le hable de la bachata y el reguetón, esa basura ajena y global con que incompasivamente mis vecinos y circunstantes me amargaron la vida hasta la locura y me atronaron los oídos hasta la sordera.

 

1056. ¿Que “a Seinfeld no le importa Palestina”, se duele -qué desvergüenza- la columnista de El País de España Elvira Lindo? A mí que me muestren uno solo de sus artículos, publicados a partir del atroz 7 de octubre de 2023 (hoy es 22 de octubre de 2025), siquiera uno, en el que haya arremetido en contra de la vesania del yihadismo y se haya solidarizado con las madres y los padres y los hijos y los hermanos y los amigos israelíes a los que Hamas y demás terroristas palestinos les violaron, descuartizaron, asesinaron o secuestraron a sus hijos, sus padres, sus hermanos o sus amigos. Debe de ser que don Antonio, quien a diferencia de su mujer sí que cultiva la ecuanimidad y poco alarde hace de tuertas filantropías, no la lee y, si la lee, lo hace dizque como quien oye llover. Y digo dizque porque yo, cuando llueve, me concentro y me deleito más que cuando oigo a la Filarmónica o a la Sinfónica en concierto. Benditas ambas.

 

Adenda: piénseselo muy bien si usted está tentado o lo están tentando para que incursione en el periodismo de opinión pues hacerlo supone dejar al desnudo y exhibir con impudicia, a lo Luis García Montero, Laura Restrepo, Santiago Gamboa, William Ospina, Julio César Londoño o Elvira Lindo, las fealdades de su sectarismo y las ruindades de su lado oscuro del corazón.

 

1057. Ni por un segundo creo en la encarnación del Cristo o fábulas afines. Sí, y a pies juntillas, en la de la imaginación de que todos hablan y tan pocos comprenden: pálpenla y mírenla y óiganla y huélanla y gústenla, incluso si usted forma parte de la minoría en cuestión, en cada artículo-alumbramiento de Juan José Millás en El País de España.

 

1058. Yo, que rara vez o prácticamente nunca leo crítica literaria por considerar la crítica literaria un subgénero respetable aunque subgénero a fin de cuentas, saldría airoso gracias a esta perla ante un estudiante de primer semestre que me preguntara en qué consiste el subgénero llamado crítica literaria:

 

“…Sentado en una terraza a la sombra de su busto que preside la explanada frente al puerto de Denia he tratado de imaginar aquel instante de felicidad que Cervantes sentiría en este mismo lugar recién desembarcado y he pensado que si me dieran a elegir entre Don Quijote y Sancho, elegiría a Miguel de Cervantes, como personaje de ficción, puesto que está construido con las dos almas, la idealista y la pragmática, fabricadas a lo largo de su aperreada vida llena de menosprecios, vejaciones y heroísmo. La ingente sabiduría de su espíritu la acopió con solo el oficio de vivir hasta alcanzar la gloria con humor en el fondo del propio desastre. En principio me echan un poco para atrás los que proclaman grandes principios desde lo alto de un caballo, como Alonso Quijano. Sus ideales envueltos en la locura suenan a flato de la voz; en cambio, a lomos de un pollino todo lo que se diga parece muy consistente y verdadero. Hay palabras ligeras que se lleva el viento y otras caen en el suelo y ya no hay quien las mueva.

Imagino a don Quijote con capa española convertido en un ciudadano de hoy. Si tuviera cualquier cargo en la administración del Estado sería uno de esos que, ante cualquier disputa, te dice ‘usted no sabe con quién está hablando’ y en un restaurante arma un altercado por cualquier nimiedad del filete poco hecho, esgrimiendo el tenedor a modo de lanza. Se podría creer que el hidalgo encarna esa parte noble de cualquier mortal, aun del más descastado, que busca la justicia y deshacer entuertos, pero a la hora de la verdad trata con desprecio a los criados. Y si hablamos de política, no quiero ni pensar a qué partido votaría este caballero andante. El hidalgo don Quijote, en realidad, trataba de tener siempre la razón en todo frente a todo el mundo. Hoy ese papel lo desempeñan los cuñados que no paran de hablar de todo hasta que les das la razón por simple agotamiento. Por cierto, don Quijote nunca pagaba su consumición en las ventas.

Por el contrario, qué gran tipo sería hoy Sancho Panza si además del sentido común que lo adorna estuviera delgado, midiera 1,85 y jugara al tenis o al baloncesto. Si uno logra imaginar a este personaje adusto y con el vientre liso descubrirá bajo su jubón al propio Cervantes herido de melancolía, lleno de ironía, de humor, de pragmatismo, apegado a los placeres y con buen ánimo frente a todas las desgracias. Ese es el personaje que amo. Cuando uno repara en esa ración de locura que todo el mundo lleva dentro, pronto se descubre que ese quijotismo se identifica muchas veces con el ego insaciable.”

 

Consiste -improvisaría- en desentronizarle al lector convencido sus ídolos fictivos, o cuando menos en hacérselos tartajear como tartajea el feligrés de una iglesia monoteísta en medio de una gran calamidad personal o colectiva. Y me pondría de ejemplo: A mí este artículo tan corto, muchacho, me tiene mortificado de pensar que ¿malgasté? incontables horas invertidas en tres lecturas de la novela de Cervantes, que me va a tocar leer una cuarta a la luz de los argumentos del maldito iconoclasta este. Cuyo nombre bendigo.

 

1059. ¿Que por qué lucho a brazo partido para no incurrir, ojalá nunca, en los palabros de moda que, como el mal ejemplo, cunden entre los necios de cualquier época e incluso entre personas cultas y semicultas, que terminan por desplazar términos con abolengo y prosapia? Sencillo: porque “aprender un lenguaje, sobre todo sus frases hechas más comunes, es sufrir un proceso de domesticación social subrepticio que nos marca queramos o no”: narrativa, ecosistema, adulto mayor, persona en situación de discapacidad, habitante de calle, histórico y hacer historia, duplicaciones y triplicaciones del género… terminachos que, como los políticos, todo lo invaden con su omnipresencia infame y que, como ellos, cuando caducan nada arreglan porque su lugar ya lo ha ocupado otro igual de estúpido y malsonante. Entre los misterios insolubles de la perra vida, pocos como el que la eufonía inteligente de los bienhablados sea tanto o más escasa que la voluntad generosa de no hacer daño e impedirlo a toda costa entre los soldados rusos que hoy invaden a Ucrania.

 

1060. Nostálgico del mundo analógico -pero agradecido siempre con el virtual-, me di a la tarea de releer ‘Bartleby, el escribiente’ con dos finalidades: recordar a qué sabía y olía el mutismo hoy cuasi imposible de los impenetrables y, paradójicamente, intentar quebrantarlo o al menos horadarlo un poco más allá de los meros rasguños de la primera lectura. Todo en vano: ¿qué lo desasosegaba?; ¿qué ideas u obsesiones rumiaba?; ¿qué lo hacía sufrir?; ¿cuánto entendía de lo que le pasaba?; ¿se dejó morir, digamos, de inanición y desgana por cuenta propia o porque algo muy superior a su voluntad lo forzó a hacerlo?; ¿qué tipo de persona fue cuando niño y cuando fue joven?; ¿fue acaso víctima de algún trauma que lo tornó indiferente a prácticamente todo?; ¿dónde estaban sus dolientes, si los tenía?; ¿dejó hijos y esposa?; ¿hizo alguna vez el amor con alguna mujer a la que quiso?; ¿quiso alguna vez a alguien?; ¿a qué se dedicaba antes de recalar en la oficina del narrador buena papa?... Un saludo afectuoso para los escasísimos Bartlebys que, insobornables, se mantienen ajenos a los regalos envenenados de las redes sociales.

 

1061. Medioevo Científico y Tecnológico:

 

“Misiles rusos contra Ucrania. Bombas israelíes sobre Gaza. Miles de muertos, decenas de miles de refugiados. Niños, madres, abuelos… Desgarradoras escenas de sufrimiento y destrucción que hace meses, todos los días, contemplamos indignados e impotentes desde la comodidad de nuestros hogares.

¿Para qué sirven las Naciones Unidas, que celebra su octogésimo período de sesiones?
¿Para qué los protocolos sobre la guerra? ¿Los acuerdos sobre derecho internacional humanitario? ¿La mediación de las grandes potencias para garantizar la convivencia pacífica entre los hombres? Mientras en el mundo muera de hambre un niño no podrá haber paz, decía Jean Paul Sartre. Pero más allá de las apocalípticas sentencias del precursor del existencialismo no es posible aceptar que en 2025, en la tercera década del siglo XXI, en un mundo que ha conquistado el espacio sideral y producido la inteligencia artificial, persista tan primitiva violencia entre naciones.

¿Es algo intrínseco a la naturaleza humana? ¿La guerra será siempre una expresión de la política por otros medios? Solo sabemos que el ideal de una paz mundial estable y duradera sigue siendo una utopía en una sociedad planetaria cada vez más interconectada e informada. Pero donde nacionalismos, racismos y arrogancias de poder siguen mandando la parada” (Enrique Santos Calderón).

 

Salta pues a la vista que vivimos tiempos de gran confusión y caos -los contradictores vocacionales dirán que todos lo han sido-, empeorados por el hecho de que en cada persona conectada desde sus dispositivos a la red hay un potencial propalador de infundios y desinformación, y de ahí el creciente bullicio y la imparable pugnacidad que nadie sabe cómo gestionar. Ese desconocimiento sin solución a la vista, así como -entre muchas otras- las realidades descritas en la cita, son lo que me lleva a afirmar aquí que discurrimos por una segunda Edad Media -con el perdón del prístino Medioevo, tan en paz (por comparación) al menos con el planeta- si bien científica y tecnológica, que anda por sus albores. Al rigor de los historiadores corresponde determinar sus orígenes y estudiar a fondo, transcurrido el tiempo que haya menester, sus implicaciones y pormenores. Que ya aterran.

 

1062. A El gatopardo acaso le sobre el último capítulo pero sin duda que le quedó haciendo falta al menos uno, a fin de que a los devotos del príncipe de Salina no se nos birlaran más de veinte años de su vida tan cara.

 

1063. “Hay seres humanos que son un universo entero, una civilización más allá del destino individual que los define y los resume; su alma es el punto de encuentro de muchas otras que se dan cita solo allí y así, a instancias de su poder magnético para propiciar las más inesperadas conexiones y amistades, grandes ideas, afectos que de otra manera quizás ni existirían”: una única entidad con nombres y apellidos que en absoluto desmerece de la ambición de la cita me fue dado conocer, querer, respetar y echar en falta desde el mismísimo día de su muerte extemporánea. La de mi maestro y amigo y carnal y alcahuete Francisco Antonio Gómez Díaz Quico, cuya mera amistad se basta para justificar mi paso por el perro mundo.

 

1064. ¿Qué se le agrega a la completitud?: “Colombia es un desastre sin remedio. Máteme a todos los de las FARC, a los paramilitares, los curas, los narcos y los políticos, y el mal sigue: quedan los colombianos”. Qué tonto el que, por no serlo, respire aliviado sin reparar en que la cosa no va de países ni de oficios ni de nacionalidades sino de especies.

 

1065. “¿Cómo es posible golpear sin cólera a un hombre?” se pregunta Primo Levi y yo voy más lejos: ¿cómo es posible que verbigracia un soldado ruso viole, supuestamente sin ser cacorro y sin odios mediante puesto que él es el invasor, a civiles ucranios inermes? ¿Cómo es posible que haya imbéciles en Occidente que gradúan a los soldados de Putin de víctimas, cual si se tratara de los de Zelenski, que luchan y quedan lisiados o pierden la vida defendiendo a su país y a sus conciudadanos contra la vesania imperialista del bicho del Kremlin? ¿Cómo es posible, en fin, que se equipare lo inequiparable: la legitimidad del que mata para no morir a manos del que mata con sevicia y por órdenes de un tirano? Que “hay los que no lo hacen” y que “generalizar resulta inconveniente en cualquier caso”, me reprenderían al unísono los siempre dispuestos a comprender y perdonar en tanto en cuanto los muertos y los lisiados les sean del todo ajenos. Pues muy sencillo: que se nieguen en redondo a participar en la barbarie de su presidente y paguen con cárcel la osadía de su buena conciencia.

 

1066. Qué duda cabe de que Benjamín Netanyahu el carnicero de Gaza, los nazisionistas que lo jalean y los soldados que obedientes perpetran el genocidio han leído y hasta releído Si esto es un hombre y, aleccionados por Levi, procedido según esta indicación suya: “El KaBe es el Lager sin las incomodidades materiales. Por eso, al que todavía le queda un germen de conciencia, allí la recupera; porque durante las larguísimas jornadas ya vacías se habla de otra cosa que de hambre y de trabajo, y llegamos a reflexionar en qué hemos sido convertidos, cuánto nos han quitado, qué es esta vida. En este Ka-Be, paréntesis de relativa paz, hemos aprendido que nuestra personalidad es frágil, que está mucho más en peligro que nuestra vida; y que los sabios antiguos, en lugar de advertirnos ‘acordáos de que tenéis que morir’ mejor habrían hecho en recordarnos este peligro mayor que nos amenaza. Si desde el interior del campo algún mensaje hubiese podido dirigirse a los hombres libres, habría sido éste: no hagáis nunca lo que nos están haciendo aquí”. ¿Qué tiene para decir usted (qué tienen para decir los correligionarios y los compatriotas de los genocidas que guardan silencio), doctor Moisés Wasserman?

 

1067. ¿Me van a decir que esto lo puede saber, ni mucho menos concluir, uno que atruena o se atruena los oídos con reguetón o bachata o vallenato llorón, con los decibelios infernales de sus malditas motocicletas de alto cilindraje o los pitos revientatímpanos de sus camionetas y buses, con los altoparlantes portátiles con que torturan a sus circunstantes?: “He aquí los tres grandes cantos del universo: el ruiseñor al amanecer, la rana en el crepúsculo, el grillo en las noches de estío. Los tres ruidos más armónicos, en su asimetría, son: el surtidor de la fuente, la sirena de un barco, el campanillo de una oveja”. Mi pobre Santi: te morirás sin conocer -tú tan sensible-, de primera mano, lo que aquí describe Trapiello, y todo porque te tocó vivir en la era horrísona de la peor de las estridencias.

 

Adenda: otro día te cuento, hijo, el dolor que me embarga cada que voy a Mariquita y por enésima vez compruebo, cuando ya todos en el barrio duermen, que los grillos ya no se oyen y muchísimo menos las chicharras, que hace tanto pero tanto tanto no oigo “gemir” hasta reventar según dicen. Tal vez si fuéramos alguna mañana a uno de los ríos que todavía por allí corren…

 

1068. La fórmula es muy sencilla: no es sino que reemplacen sanchista por petrista o uribista, Pedro Sánchez por Gustavo Petro o Álvaro Uribe, antisanchista por antipetrista o antiuribista, Pedro Sánchez por Gustavo Petro o Álvaro Uribe, España por Colombia, televisivos por radiofónicos y listo: “Que yo sepa, solo hay algo peor que un sanchista histérico, de esos que llevan al cuello un escapulario de Pedro Sánchez, y es un antisanchista histérico, de esos que consideran a Pedro Sánchez la personificación del Maligno. El problema es que el debate político en España parece monopolizado por esos dos fantoches, y que todo conspira para desterrar cualquier discusión racional o matizada; quien la intenta es demonizado con el peor insulto: equidistante. Basta con ver esos debates televisivos donde los tertulianos de izquierdas regurgitan el argumentario de la izquierda y los tertulianos de derechas regurgitan el argumentario de la derecha…”. Un saludo para Fernando Savater y Andrés Trapiello allá y acá para Julio César Londoño y Laura Restrepo.

 

1069. “…Igualmente, en nuestro tiempo, sorprende el retorno de los adalides de la madre hogareña, cuando pocas familias podrían subsistir con un solo salario y la idea de un proveedor único parece una quimera”: desconozco si esto que te voy a contar de forma muy resumida, Irenita, sea también el caso en tu casa y tu familia, pero en las mías sí.

 

Cómo te parece que en mi casa y mi familia no escasean los vagos y los buenos para nada que si no se mueren de hambre es gracias a las mujeres que trabajan sin descanso para sostener a sus maridos, hermanos, hijos, nietos, sobrinos y hasta yernos que trajinan en el hogar -los que lo hacen- para compensar su desvergüenza. No hay, en cambio, una sola floja que lleve mis apellidos provincianos, y las que por de pronto lo pasan mal porque perdieron el empleo de repente o fracasaron en un negocio o asunto por el estilo, jamás llaman para que se las socorra con un préstamo y mucho menos a implorar contribuciones de ninguna índole. ¿Que por qué -preguntan los desgüevados- mi admiración por todas ustedes salvo, eso sí, por las ménades insoportables de la cuarta ola? No te figuras lo que me gustaría saber cuánto desprecio o conmiseración sientes tú por ellos y, ya puestos, también por ellas.

 

1070. “El bullying en la infancia y la adolescencia es un infierno clamoroso y cercano, una tortura cotidiana de cuya existencia todos somos conscientes, aunque, no entiendo por qué, parece que preferimos ignorarla. Precisamente por eso perdura: porque lo permitimos. […] Cada año, cuando comienza el curso, pienso en ellos. En la multitud de criaturas que van a enfrentarse al sufrimiento. Maldito sea el sistema que permite esto, malditas las instituciones, los colegios, los padres que no están lo suficientemente atentos (no sólo a si su hijo está siendo torturado, sino a si su hijo es un torturador), malditos todos nosotros. Es incomprensible e inadmisible que no pueda combatirse este infierno en la Tierra”: un saludo para los mellizos Ramírez y para Edilbrando Daza, mis verdugos en el instituto de niños ciegos -ninguno de los tres lo era-, así como para los que los dejaban predelinquir a sus anchas.

 

Adenda: si las Elviras Lindo que ven en los niños a efigies de la bondad y las feminastys que ven en las mujeres a efigies de la fragilidad leyeran el artículo completo de Rosita, tal vez -lo dudo mucho-, tal vez se enterarían de lo que ella sabe desde antiguo, acaso desde siempre: de que la pésima leche de lo peor de la especie está repartida con la justicia y la equidad que en sus campañas políticas promete la mamertosfera, sólo que en relación con los caudales ajenos.

 

1071. “¿Qué grado de belleza se puede soportar sin compartirla con un ser querido?”, pregunta Leila Guerriero y yo me respondo. La belleza de una mujer -ojalá muchacha- desnuda cuya desnudez acabamos de conquistar, con o sin demasiado esfuerzo.

 

 

1072. ‘Carne de olvido’ titula Millás uno de sus artículos formidables y yo me pregunto cuántos, entre los nueve millardos de seres humanos que dizque somos; cuántos Antonios Famoso e indigentes por completo anónimos; cuántos nómadas que emigran a pie o en una patera; cuántos apátridas en el sentido literal del sustantivo; cuántos pobres de solemnidad y huérfanos y lisiados de cuerpo y desposeídos de afecto; cuántos suicidas solitarios y solitarios enfermos que querrían tener el arrojo y el desprendimiento del suicida; cuántos desgraciados de la forma que sea no serán eso y sólo eso: la carne de olvido que jamás escasea.

 

1073. Es no, amigo Daniel, es no: de-be-rí-a-ser: “La política es el intento de equilibrar los riesgos del futuro con las premuras del presente, los intereses de las generaciones venideras con” los de “las actuales […], las amenazas posibles con los apuros reales, el fin del mundo con el fin de mes. El problema es que ese futuro al que nos encaminamos es un desastre, pero seguimos aferrados a un presente que no estamos dispuestos a sacrificar para hacer viable un futuro incierto e incalculable”.

 

¿Sabe usted qué egoísmo me horroriza? No el mío ni el de los que al igual que yo se esterilizan, o toman las precauciones del caso, o abortan para no contribuir a la sobrepoblación que, junto con la codicia de los insaciables, nos conduce a la extinción. El egoísmo que me horroriza es el de las mayorías consumista o cuasi desprovista que, desaprensivas juegan, cada una según sus posibilidades, el juego que los Forbes y los que aspiran a destronarlos quieren que jueguen: el del progreso que sólo los “beneficia” a ellos y a muy pocos más.

 

1074. ¿Que “Xi Jinping y Vladímir Putin” estuvieron “hablando de la inmortalidad en su reciente encuentro en Pekín”? ¡Pobres diablos desdichados!: me los figuro, a solas consigo mismos, y frente a su bufet de científicos, maldicientes y desesperados, o en apariencia gélidos pero taxativos, conminándolos para que en el término de la distancia den con una pócima; con la técnica que sea que les permita seguir viviendo y gobernando con mano de hierro a sus países y pronto muy pronto al mundo entero. Y yo implorándole, al diablo porque a quién más, justicia poética para estos y otros indeseables de la política y la codicia empresarial, que rige la política.

 

1075. ¿Sabe usted, maestro Muñoz Molina, de quién siento pesar cuando pienso en todas esas medianías empingorotadas que, desde la atalaya de su complejo de Dios, sientan cátedra en los departamentos de arte y de literatura de las universidades estadounidenses, y en los de demasiadas occidentales supuestamente antiyanquis y antiimperialistas que todo les copian? Pues de una mayoría de muchachos incautos que dan por bueno lo que oyen de los charlatanes que los adoctrinan:

 

“…A mí lo que me parece misterioso es que los expertos en arte contemporáneo sigan creyendo tan devotamente en la capacidad de provocar de los ocurrentes y los provocadores oficiales, que tienen siempre a su disposición instituciones públicas que les financian y amparan sus provocaciones, y con suerte a coleccionistas que se permiten gastar una calderilla de millones para concederse el lujo de un esnobismo de apariencia heterodoxa.

La parte más visible del arte contemporáneo se mueve en el cruce imposible entre la omnipotencia del dinero y los recetarios ideológicos copiados de la beatería universitaria americana, en los que la obra de un artista importa menos que las etiquetas identitarias a la moda que puedan adornar su figura. Lo que no se mueva y quien no se mueva entre esos dos ámbitos tiene grandes posibilidades de quedar invisible. Hay unas cuantas razones que explican la irrelevancia y la esterilidad de una parte del arte contemporáneo: su indiferencia al mundo natural; su desprecio por los saberes materiales del oficio; su ignorancia arrogante de las tradiciones, incluidas las populares; su incapacidad de hacerse inteligible para quienes no pertenezcan al círculo estrecho de los iniciados y dominen su jerga. […] Las salas más interesantes de algunos museos están ahora en los sótanos. Los legisladores de la moda decidieron hace algún tiempo que el dibujo es irrelevante en la formación de un artista, y que la pintura ha muerto, igual que otros tan envanecidos como ellos decretan de vez en cuando que la novela ha muerto, o que el teatro o el libro impreso han muerto. La pintura lleva existiendo al menos 40.000 años, así que no es muy probable que vaya a desaparecer de un día para otro, igual que no desaparecen los poemas y las historias que la gente se cuenta, o las músicas que comparte…”

 

Si por desgracia yo fuera uno de ésos, estimado y admirado don Antonio, no estaría leyendo a Primo Levi y a Stephen Crane sino a Carlos Franz y a Rodrigo Fresán; no estaría leyendo sus siempre instructivas y lúcidas columnas de opinión y las de Martín Caparrós, Juan José Millás, Manuel Vicent, Juan Gabriel Vásquez, Javier Cercas, Irene Vallejo, Leila Guerriero, Daniel Samper Pizano, Olga Lucía González, Carlos Granés, Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonnett, Juan Esteban Constaín, Melba Escobar, Arturo Pérez-Reverte, John Carlin, Andrés Trapiello y Fernando Savater sino las pésimamente escritas y sectarias de los militantes de la izquierda de la ira que publican en periódicos y revistas respetables y en pasquines. Y jamás habría caído en que toda esa farsa universitaria (excepción hecha de los meritorios que felizmente nunca faltan en ninguna parte ni ámbito) cabe, junto con su mala leche, en ‘Obras completas’, el cuento magistral de Monterroso.

 

1076. La fórmula es muy sencilla: no es sino que reemplacen Madrid por Bogotá -por cualquier ciudad de cualquier país- y listo: “Para los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los niños, las mujeres embarazadas, los pobres, los sintecho, las personas de alma frágil, una ciudad como Madrid es cada día más inhabitable. Hasta los pájaros y los perros huyen despavoridos del escándalo de los coches y las motos trucadas para irritar más los oídos. Los repartidores de paquetes o de comidas van de un lado a otro sin sosiego en la confusión del tráfico, en la prisa despiadada de las aceras. […] Quien se siente amenazado por la ciudad privatizada e inhóspita, el viejo, el discapacitado, la embarazada, el que ha de moverse en silla de ruedas y no para de encontrar obstáculos, tienen el reflejo de salir huyendo, de esconderse en el lugar seguro, en el sagrado de su casa…”. El ciego congénito y total que soy da fe de que su artículo, estimado y admirado maestro don Antonio Muñoz Molina, acierta en todo menos en una cosa.

 

Desbarra usted -y me disculpo por la rudeza del verbo- en incluir a los pobres en este grupo de ‘personas de alma frágil’ pues, hasta donde se me alcanza, no son los ricos ni los millonarios quienes, en motocicletas revientatímpanos e infractoras de todas las normas del tránsito y la convivencia social, reparten paquetes y comidas en medio de una competencia feroz por la subsistencia y por el respeto de los de su condición, y sin que mucho les inquiete que, producto de toda esa irresponsabilidad suya, caigan heridos o muertos quienes sí adolecemos de fragilidad. Ya querría yo, maestro, invitarlo a darse un paseo en TransMilenio para que, en cuestión de una hora o media pierda, de resultas de los decibelios infernales de los parlantes con que tantos pobres piden limosna o cantan sus despechos, la audición que todavía conserve junto con la serenidad que sus reflexiones me hacen atribuirle. También podría llevarlo a las barriadas en que se hacinan y reproducen sin tasa, pero hasta allá no llego porque de allá no salgo con usted, indemnes ambos.

 

Adenda: le ruego que por favor no se vaya a confundir creyendo que cuando hablo de pobres estoy hablando de indigentes -“sintecho” los llama usted- pues, al menos en Bogotá, una inmensa mayoría de los nómadas urbanos que la recorren y la habitan hacen gala de un civismo silente que pocos -prácticamente nadie- consiguen ver.

 

1077. Sí y no, mi muy estimado Martín, sí y no:

 

“…La gran diferencia es la mirada. Durante demasiado tiempo los manuales y profesores y maestros siruela de periodismo insistieron en la ‘objetividad’ como virtud básica de la profesión. La objetividad no existe: cuando alguien -incluso una máquina- relata algo sólo puede hacerlo empleando su saber y sus ideas del mundo -su subjetividad- para decidir qué mostrar. Nos enseñaron a pensar que subjetividad es una mala palabra, un sinónimo de engaño. No lo es; es la única forma en que un sujeto narrador puede narrar algo: poniendo el énfasis en lo que le parece más significativo, más útil para contar su historia. […]

De ahí la polarización actual del consumo mediático: los lectores buscan medios con los que están de acuerdo -para recibir puntos de vista cercanos a los suyos. Y así estamos: el problema no es la mentira sino la caída del mito de la verdad: no hay verdad, hay verdades y relatos. El problema no es la mentira sino el derrumbe del mito de la objetividad: no hay objetividad, hay personas o máquinas que, cuando cuentan, eligen lo que cuentan; no existe otra manera.

Incluso en las enciclopedias.”

 

Sí si en quien pienso es en dos bienintencionados, a la par que bien informados, con puntos de vista distintos respecto de un mismo tema; no si en quien pienso es en un bienintencionado y en un malintencionado, a la par que bien informados, con puntos de vista el uno e intereses el otro diametralmente opuestos. Sí si en quien pienso es en dos bienintencionados, por desgracia mal informados, con puntos de vista distintos respecto de un mismo tema; no si en quien pienso es en dos malintencionados, amén de mal informados, con intereses diametralmente opuestos respecto de un mismo tema.

 

Adenda: y hablando de buenas y de malas intenciones: yo, si fuera profesor de periodismo en los primeros semestres de un pregrado, por descontado que no leería con los muchachos este artículo suyo, escrito sin la mala leche de los que publican en función de sus intereses personales o ideológicos pero que, bien mirado, sí que les hace el juego a los que hoy pregonan el relativismo de lo que se ha dado en llamar ‘posverdad’.

 

1078. ‘Colombia sigue esperando’… y lo hará hasta el fin del antropoceno, que ojalá no se tarde. Salvo por la esperanza que en William Ospina no se apaga, este artículo suyo compendia y explica, como ninguno de las decenas que le he leído, nuestra incorregible realidad política. Ya se verá cómo, dentro de cien doscientos trescientos cuatrocientos quinientos o mil años, las quejas serán las mismas, sólo que se entonarán en el idioma global que a la sazón se garle.

 

1079. Julio César Londoño es la prueba -una de varias- de que en medio de la inteligencia literaria y la inteligencia científica -las dos adornan su caletre- puede germinar el más estúpido sectarismo político, que ni lo inquieta.

 

1080. Habla Trapiello de un rey cualquiera del que afirma que querría “ser el támpax de su amante” y, de inmediato, me doy a pensar en la de quién querría yo ser tampón. No creo, concluyo para mis adentros, que la producción mundial total de aquello se dé abasto para una posible respuesta.

 

1081. ¿Que qué es la depresión, a más de esas invencibles ganas de recuperarse o de morirse en su defecto? Es encontrar hercúleo el mero hecho de levantarse de la cama, cepillarse los dientes y no se diga bañarse, mentir asintiendo a quien nos pregunta si nos encontramos bien, lidiar con los entusiasmos y la felicidad ajenos, comer para no morir de inanición y arrastrar a otros en la caída, tragarse las lágrimas y las ganas de mandarlo todo y a todos para la mierda, maldecir sotto voce en principio a los que nos engendraron y nos parieron, soportar a los pesados que nos aconsejan que le pidamos a Dios porque Él es el único que puede curarnos, perder el tiempo con el mismo psiquiatra o con uno nuevo que tampoco da con el medicamento o con la dosis salvífica, sentir que los que nos quieren sienten y piensan “con razón” que lo que nos hace falta es determinación y amor propio, no encontrar las palabras para explicar lo inexplicable, desear estar solos íngrimos y al mismo tiempo estar seguros de que sin los que nos sustentan pereceríamos, rumiar sin tregua la horrenda o bella -según de quién se trate- idea del suicidio, pero sin falta y de antemano pesarosos por quienes van a gemir por nuestro descanso.

 

1082. “En arte y literatura lo que progresa realmente es la tradición”: ¿entienden ahora por qué una mayoría abrumadora de los profesores universitarios y críticos y académicos de una cosa y de la otra están condenados a la irrelevancia y a la provisionalidad con su amor por lo ‘surrealista’ y lo ‘posmoderno’ y lo ‘vanguardista’, cuanto más enrevesado e ilegible e ininteligible y anodino y baladí y aparentemente impenetrable mejor?

 

1083. En el intercambio dialógico, detesto a los que nada saben y nada opinan, a los que nada saben pero de todo opinan, a los que saben y “opinan” cuidándose de nunca quedar mal con nadie, a los que saben y opinan con buenos modales pero creyendo estar cargados de razón, y de lejos al pobre diablo que cree que está en posesión de la verdad absoluta gracias a que sabe de lo que habla pero opina cual si estuviera escribiendo un tratado y jamás les reconoce a los interlocutores (es un decir) los aciertos en el debate (es un decir), al tiempo que los ridiculiza y magnifica los que considera sus desaciertos: si no dan con un ejemplar como el que aquí les pinto y les apetece conocer a uno inmejorable (a uno “inempeorable”), compren o saquen prestado de una biblioteca el Fractal de Trapiello, busquen en ese volumen el nombre propio Chinchilla y lean a partir de ahí hasta donde concluye aquel desencuentro-pesadilla.

 

Adenda: si tras leer, usted se dice para sí que usted es un X y se promete trabajar en su complejo de Dios, evítese la fatiga y una desilusión anticipada pues aquello, como la estupidez congénita o la vileza de los malditos, es inextirpable.

 

1084. Oigo a Walter Shandy desmadrarse en elogios en relación con los veneros de bondad que recorren al bueno de Toby, su hermano y mi carnal, y fantaseo con la idea maravillosa de que los malditos (la Weidel, Trump, Putin, Xi, Netanyahu, Cabello, la Murillo…), con prensa o por completo anónimos, vinieran al perro mundo estériles e imposibilitados para adoptar y por tanto para criar y que la concepción, la adopción y la crianza fueran sólo cosa de buenas personas por el estilo de Santi, Orfi, la Goga y por supuesto que de ellos hacia arriba hasta llegar a la cúspide de la ética y la heroicidad humanas: los médicos y las enfermeras que adelantan su apostolado en países y ciudades en guerra, los José Andrés de cualquier latitud que intentan paliarles el hambre a los desprovistos y, si les place, prosigan ustedes con los animalistas, ecologistas y ambientalistas con alma y en absoluto estúpidos por el estilo de los farsantes que bañan en salsa cuadros en un museo o que se pegan al asfalto en las carreteras con desconozco qué pegamento… ¿Tener un hijo con la Restrepo, con Laura Restrepo?: ¡eso no, eso nunca! ¿Tener un hijo con Montero, con Rosita Montero?: uno no, ¡muchos!

 

1085. No contradiga ni dé la lata por el mero gusto de darla. Confute.

 

1086. De un único milagro, comprobable y tangible, suprarreligioso y planetario, se puede hablar con seriedad y firmeza: se llama ciencia.

 

1087. Algo irá -un abismo- de la lastimosa y aborrecible -tremenda contradicción- Laura Restrepo, y de las escritorzuelas y escritorzuelos -que vivan las duplicaciones que les son tan caras- de su rebaño político al grande que esto dice, con su venia también a mi nombre: “Valiente María Corina, enhorabuena por el alto y merecido premio que te han dado. Y a tus críticos que les den… aunque no precisamente un premio”.

 

1088. Si el adefesio archimillonario ese de Juan José Lafaurie Cabal, un multimillonario hijo de multimillonarios se hizo con un préstamo de cuatrocientos millones y con un subsidio de noventa y cinco de los destinados a pequeños y medianos productores agrícolas siendo Petro el presidente, ¿se imaginan si quien en agosto de 2026 gana las elecciones es Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia? De una cosa pueden estar ustedes seguros: por muy raspada que el chusmero deje la olla fiscal del país, los rateros sempiternos de la otra extrema van a encontrar, para seguirnos esquilmando e impelidos por el síndrome de abstinencia que padecen hace ya cuatro años, plata hasta debajo de las piedras. Y Sergio Fajardo, el nefelibata que enseña pero no aprende, obstinado en volver a perder porque lo suyo no es, al contrario de lo que afirma, la redención de Colombia por medio de “sanas” alianzas políticas que le permitan gobernar desde la Casa de Nariño, sino los melindres del que posa de impoluto y, para no afectar su imagen, con nadie pacta.

 

1089. Pienso en unos y en los otros indeseables y me digo que al menos el grueso de los uribistas, de los mileístas, de los bolsonaristas, de los trumpistas -y etcétera, etcétera, etcétera-, al contrario que los petristas, que los chavistas, que los kirchneristas, que los lepenistas -y etcétera, etcétera, etcétera-, se reivindican practicantes católicos o protestantes cristianos, radicales de su fe, en tanto que sus homólogos de la izquierda se reivindican, los muy feligreses y obsecuentes, ateos de toda una vida:

 

“…Igual no importa: cuando la gente está alienada por la ideología, valga la redundancia, sus reacciones están presentes de antemano, su universo binario y maniqueo se activa de inmediato para reivindicar lo propio y despreciar, a cualquier costo, lo ajeno, lo contrario. Y hablo de la ideología no como la concepción del mundo que tenemos todos, sin remedio, sino de una estructura dogmática y oracular, una horma mental que nos enajena y aprisiona.

La ideología política en el peor sentido de la palabra: una doctrina que se vuelve una religión, una forma de pensar y de ser que se vuelve un acto de fe, cuanto más obcecado y ciego, mejor. El fanatismo es eso, una iglesia en la que no caben las razones ni la reflexión, así muchas veces parezca lo contrario. Lo importante es alinearse con el recetario preestablecido y sacrosanto: plegarse a las verdades reveladas que los miembros de la secta repiten de memoria. […]

Porque no es raro ver cómo hay gente que modula y varía su indignación y su vehemencia según el signo ideológico que los hechos revelan y contienen, sin que importen de verdad su gravedad y su perversidad, por ejemplo, sino solo quién los protagoniza y las ideas que encarna. […]

La moral, que en la víspera parecía absoluta, se hace relativa. La tiranía deja de serlo, ay, si es uno de los míos quien la ejerce.”

 

Ahí están mi hermano cristiano y sus correligionarios tapiándose los ojos ante el genocidio de Gaza a manos de Netanyahu y sus muchachos, y demasiados de mis ex alumnos haciendo lo propio ante la carnicería yihadista del 7 de octubre de 2023 que desató la venganza sionista. Ahí están demasiados de mis estudiantes de facultad de humanidades y amigos de izquierdas indignados por el asedio militar de Trump en el Caribe en contra de la tiranía venezolana, pero oportunistamente callados frente a la invasión de la tiranía rusa a Ucrania. Y aquí estoy yo, paladín y propugnador de lo más mesurado y tibio del centro del espectro político, luchando a brazo partido y sin cuartel en contra de mis peores defectos personales que durante años me convirtieron en una suerte de sátrapa hogareño… amoroso, aunque sátrapa a fin de cuentas.

 

1090. “…Los números se leen al revés, las culpas son siempre ajenas, los fracasos son en realidad éxitos que los malvados del país y del mundo se niegan a reconocer”: Petro y Trump, Cabello y Miley, Murillo y Netanyahu, Sánchez y Bukele… Y, curiosamente, prodigio de prodigios, Putin y todos los anteriores que, unos más, unos menos, lo temen y admiran al punto de la reverencia, aunque nadie tanto como Donald Frankenstein, según lo bautizó en reciente columna mi amigo y maestro de papel Daniel Samper Pizano.

 

1091. A veces, cuando me da por fantasear con doña Segunda, pienso en que acaso la vida me depare una Ana Julia Quezada o una Zulma Guzmán y entonces se me disipan las ganas de un revolcón furtivo. Que me maten a mí las muy perras, que me harían un favor, pero no a la Goga, al Santi ni a Orfi.

 

1092. ¿Conocen ustedes a una tal Laura Restrepo que, melindrosa y sectaria como todo extremista que se respete, se negó a participar en el Hay Festival de 2026 porque repudia a María Corina Machado quien, valiente y temerariamente, le ha plantado cara a la tiranía venezolana, de cuyos matones Restrepo es adlátere y firme partidaria?:

 

“…Nos arde un sapo venenoso en la garganta y, a poco que nos rascan, lo escupimos.

El problema no es tener opiniones distintas ni debatir sobre ellas; esa es la base de la democracia, de hecho. El problema es la deriva hacia lo que se llama una polarización afectiva, que no tiene que ver con las ideas ni con la razón, sino con las emociones y yo diría que con un sentido de pertenencia animal, instintivo, burdamente defensivo. El mundo da miedo, los problemas parecen inabarcables y hay gente que combate esa zozobra replegándose con ciega adhesión a un grupo, como el niño que se protege en un regazo. Una pena, porque hacerse forofo, esto es, convertirse en un ultrasur de la política, no solo no mejora lo amedrentante de nuestra situación, sino que lo empeora: aumenta la violencia social y rompe la convivencia democrática. Y lo malo es que esta deriva nos afecta a todos; cada vez aguantamos menos, cada vez escuchamos menos, cada vez vivimos más cocidos en nuestras propias ideas. […]

Así que nada, sigamos engordando nuestro cerrilismo, escuchemos solo a quienes piensan como nosotros, consideremos cualquier disidencia como una traición y a quien no opina igual como un descerebrado y un enemigo, que así nos estamos construyendo un futuro buenísimo. […] Decía Einstein que para ser buen científico era necesario pensar al menos 15 minutos al día lo contrario de lo que piensan tus amigos, y yo añadiría: y para ser buena persona y buen ciudadano. Pero estamos haciendo lo contrario.”

 

Imagínate tú, Rosita entrañable, las repercusiones nefastas que aquel rapto de intolerancia y odio de esta congénere y colega tuya, feminista declarada y defensora de los derechos de los humanos que piensan y votan como ella, puede tener en las mentes y en las acciones de tantos de sus lectores y en los oyentes de sus pronunciamientos, muchos de ellos jóvenes universitarios también de izquierdas y en busca permanente de opiniones que legitimen su radicalismo incipiente aunque imparable. ¿No se dan cuenta acaso ella y los Londoño, los Gamboa y los García Montero de allá y de acá, de todas partes, el daño que ocasionan con su cerrazón mental y su discapacidad ideológica que los imposibilita para la sindéresis y el discernimiento? ¿No te parece que estamos en mora de dar con un término que nomine al intelectual y al artista militantes y supuestamente partidarios de la libertad de expresión… de sus conmilitones única y exclusivamente? Me cuentas si se te ocurre algo.

 

1093. Si Orfi y Abe hubieran tenido aguda la intuición; quiero decir, despiertos los sentidos que permiten anticipar si este o aquel hijo es de naturaleza apacible o muy por el contrario un heautontimorumenos congénito, habrían retrasado mi bautismo al menos hasta saber que el nombre que me convenía era Disyuntiva, Dilema o Irresolución:

 

“…En la vida, ocurre lo mismo todo el rato. No somos conscientes de las energías que dedicamos a elegir ni del tiempo que empleamos en arrepentirnos de la opción adoptada. Hay gente que en el lecho de muerte se arrepiente de toda su existencia. De toda, sin excepción, de toda, lo que equivale a haber vivido una vida ajena, incluso sin saber cómo habría sido la propia.

Pero todos, en mayor o menor medida, vivimos existencias ajenas, es decir, existencias al dictado […]. Todos tenemos dos cabezas, aunque una de ellas inmaterial, que se pasan las horas discutiendo acerca de lo que más nos conviene a usted y a mí, que ignoramos en cuál de las dos debemos instalarnos.”

 

Claro que, pensándolo bien, pensándolo mejor, el nombre que me hubiera caído que ni pintado, pese a su absoluta falta de eufonía, habría sido Ciclotimia Irresolutiva.

 

Adenda: de lo único que sé que me podría arrepentir en el lecho de muerte es de no haberme evitado esa instancia mediante un suicidio taxativo. Para todo lo demás (los polvos que por miedo no me eché, los exabruptos y descomedimientos con -entre otras- las personas que amo, las torpezas e imbecilidades propias de la juventud…) he tenido tiempo y rumia de sobra para lamentarlo y, a veces, enmendarlo.

 

1094. “¡Cuánto se parecen todas las madres!” exclama Levi y, de inmediato, mi cerebro se aplica a recordar las malas por descuidadas, las crueles por cabronas y las filicidas que he conocido y visto proceder en persona o a través de los medios. Esta generalización en particular, innecesaria como cualquier generalización, se habría evitado con el adjetivo ‘vocacionales’.

 

Adenda(s): que se entere la peña de que filicidas -madres y padres- los puede haber también por amor, tipo un tal Lope de Aguirre cuya historia le recomiendo al que la desconozca. Y ya entrados en gastos, que lea, apurada la novela de Otero Silva, La plaza del Diamante y, con Colometa y el ‘príncipe de la libertad’ por referentes, matice semejante asunto espinoso. Del filicidio, ni aun en los casos de las que lo tienen por método anticonceptivo, no forma parte el aborto, y punto.

 

1095. Cualquiera de los demasiado esperanzados y optimistas de lo que a los colombianos nos va quedando de democracia tras tantos gobiernos malos o pésimos y tras el peor, que amenaza con prolongarse hasta 2030 y más allá inclusive, sé que me espetaría que estas palabras del Levi aún cautivo lejos están de describir fidedignamente nuestra situación actual, a lo que yo asentiría con desgana, al tiempo que me reservo todo mi escepticismo y todo mi fatalismo, de los que en cambio haría partícipes a los que ven en el pseudoderrocamiento de la dictadura venezolana a manos de Trump un augurio que bajo ningún concepto invita a al entusiasmo: “Mas en general la experiencia nos había demostrado ya infinitas veces la vanidad de toda previsión: ¿con qué objeto esforzarse en prever el porvenir cuando ninguno de nuestros actos, ninguna de nuestras palabras lo habría podido influenciar en lo más mínimo?”. Y por supuesto que voy a votar, sólo que con la apatía consciente del que sabe que cumple con un deber que no lo entusiasma. Cuando los pueblos resuelven suicidarse, no existe espejo vecino ni precedente historicosocial que lo impida.

 

1096. ¿Que “el hambre, la opresión y el desengaño son la ley inalterable de la vida”, remacha el Benjamín de Rebelión en la granja? Lo comprende aquel burro escéptico y por ende sabio mas no los asnos que votaron por Trump o se abstuvieron de cumplir con su deber, los que hicieron lo propio con Miley en la Argentina, con Bukele en El Salvador y no se diga en Colombia con Petro, cuya promesa de dictadura está a esto de ser refrendada nuevamente por millones de insensatos. Que parecen no darse cuenta del estado calamitoso de los servicios de salud, de las improvisaciones populistas con que mina la economía y las finanzas del Estado, de su propósito de malquistar a esta sociedad que no desconoce el odio, de sus venalidades y corruptelas y de, entre tantas otras miserias, su sueño de embarcarnos en el via crucis que padecen los cubanos, los nicaragüenses y los venezolanos desde hace décadas. Malditas las sociedades que cierran los ojos ante el espejo y más malditas, si cabe, las que los hacen añicos.

 

1097. ¿Qué se le agrega a la completitud?: “Por suerte, aquel terremoto no abrió la tierra bajo tus pies, ni aquella inundación anegó tu casa hasta la segunda planta, ni tomaste aquel avión que se estrelló, ni subiste a aquel tren que descarriló, ni ibas en aquel autobús que se cayó a un barranco, ni estabas en la lista de los muertos en carretera del fin de semana. Si supieras las veces que la muerte te ha respetado caerías en la cuenta de lo milagroso que es estar vivo. Cuando te llegó la noticia de la tragedia diste gracias a la fortuna porque tú y los tuyos estabais a salvo. Con esa sensación de tener una buena estrella comenzaste a absorber la desgracia de otros y, si en ese momento lo estabas pasando muy mal, la tragedia te demostró que había gente que lo estaba pasando aún peor, lo que en cierto modo tuvo un efecto balsámico. He aquí por qué las catástrofes humanas abren en portada durante muchos días todos los periódicos y los telediarios. A la buena suerte se une además el hecho de que la tragedia posiblemente sacará de ti los mejores sentimientos, la piedad por las víctimas, la conmiseración, la ayuda, la solidaridad e incluso en muchos casos el heroísmo. Toda la humanidad está trabada por el instinto de conservación, de modo que cualquiera, desde Francisco de Asís a Jack el Destripador, le tenderá la mano con un reflejo automático a quien está resbalando en una piel de plátano. Pero siempre hay malvados que aprovechan la confusión de la tragedia para asaltar los supermercados y sabandijas de las redes que se alimentan de sangre y algunos políticos carroñeros que tratan de sacar partido de la adversidad contra los del bando contrario. Miles de veces gira sobre tu cabeza la rueda de la fortuna…”. Que, siendo yo ciego de nacimiento y aguerrido -más en otra época que ahora- desafiador de los peligros múltiples que suponen las calles de un país subdesarrollado como éste, no me explico cómo es posible que siga vivo y prácticamente incólume a los cincuenta y un años. O que no haya muerto en el accidente de tráfico que sufrí creo que en 2001. O que no me haya ahogado en esa piscina de olas asesinas, de las que me rescató un salvavidas vigoroso y oportuno. O que en apariencia no hubiera sufrido menoscabo físico ni mental palpable a consecuencia de un primer intento de suicidio -en el segundo no puedo fallar-. O que, en fin, no me hayan contagiado todavía una venérea de resultas de mi desaprensión sexual ni asesinado por mis opiniones políticas desembozadas en medio de campus públicos y salones de clases colmados de fanáticos de la izquierda de la ira. Mi hermano y los como él -millardos de crédulos contra toda evidencia- se lo atribuyen a una supuesta misión que Dios -Alá, Cristo- me tiene reservada: que se siente a esperar el pobre, pues ningún afán me asiste de siquiera averiguar de qué se trata.

 

1098. La fórmula es muy sencilla: no es sino que reemplacen española por colombiana, partido socialista por petrismo y listo:

 

“Recuerdo un día ya lejano en que mientras estaba escribiendo dejé en el cenicero rebosante de colillas la mitad de un cigarrillo encendido. De pronto me di cuenta de que tenía otro cigarrillo, también encendido, humeando en los labios. Me estaba fumando dos cigarrillos a la vez. Ese día decidí dejar de fumar al comprobar que el tabaco dirigía mi inconsciente y mandaba mucho más que yo. Un pestilente olor a humo frío se había apoderado de toda la casa, del interior del coche, de la piel entera de mi cuerpo. Pensé que mis pulmones también estarían abrasados puesto que los tenía sometidos a dos cajetillas diarias de Marlboro. Esa sensación de estar totalmente intoxicado es parecida a la que siento después de oír la degradación sistemática de la política española en las noticias por la radio, de seguir las tertulias de varios canales de televisión todas poseídas por los mismos gritos que porfían por ver quién acarrea más basura de uno y otro bando a la superficie hasta lograr que la atmósfera sea irrespirable. La derecha ataca al Gobierno por tierra, mar y aire, y el Gobierno no cesa de dar motivos para perder ese combate. ¿De qué pozo ciego han salido tantos progresistas rijosos, babosos, depredadores? ¿Queda todavía algún político decente que no esté pringado? ¿Cesará de una vez ese sucio manantial de escándalos del partido socialista? He tenido que cortar por lo sano como hice con el tabaco para evitar que la depresión me cause un vuelco ideológico irreversible. Hace tiempo que dejé de creer en la superioridad moral de la izquierda después de descubrir que muchos la han usado como una coartada para envolver sus latrocinios, su machismo, sus bellaquerías. No solo la extrema derecha nos lleva al reinado del mono, también la izquierda, según se ve, está sometida a unos instintos primarios. Hoy ya no sabes a quién das la mano, por eso hace tiempos que juzgo a las personas una a una, no por lo que dice sino por lo que hace. Se acabaron los sueños.”

 

Entre los fenómenos que me interpelan, maestro, pocos como este de que entre dos ilustres muy cultos dotados para la literatura y las complejidades del arte que es pensar de veras haya el Julio César Londoño que, cuanto más adefésica y pútrida resulta la gestión del gobierno por el que votó y que lo representa, más se obstina en lavarle la mugre y en justificar sus miserias, mientras que, instalada en las antípodas de la incoherencia ideológica, una Melba Escobar reconoce el fiasco, entona su mea culpa de electora de buena fe timada por los canallas para por último devenir en crítica implacable de todo lo que otrora les censurara y afeara a anteriores corruptos y desvergonzados. ¿De qué se le ocurre a usted, un coherente, que dependa una cosa -la infamia- y la otra -la decencia- intelectuales?

 

1099. Medioevo Científico y Tecnológico:

 

“Cabe la triste posibilidad de que la educación”, en lo que hasta no mucho ha se llamó ‘mundo civilizado’, “no le importe a nadie, salvo a algunos profesores no vencidos por el desaliento ni aquejados en exceso por las oscuridades depresivas, a algunos alumnos y alumnas misteriosamente poseídos por el deseo de aprender, a algunos padres y madres de convicciones humanistas, y a unos cuantos ilustrados sueltos que siguen sosteniendo la extraña convicción de que el saber es un ingrediente de la libertad y también de la dicha. Son ilusos convencidos de que el ser humano, para alcanzar la plenitud de sus facultades, necesita un aprendizaje en ocasiones arduo que le ayude a comprender racionalmente el mundo, a reconocerse en la humanidad de los otros, a situarse en el espacio gracias a la geografía y en el tiempo gracias a la historia. Sin tal aprendizaje no hay posibilidad alguna de distinguir entre las cosas ciertas y los embustes, entre la astronomía y la astrología, entre la evidencia fiable y la propaganda religiosa o política, entre la justicia y la injusticia, la democracia y la tiranía. […]

¿Qué competencias pueden enseñarse separándolas de ese conocimiento que tanto les desagrada a todos? ¿Pueden la creatividad o el sentido crítico ejercerse sin una formación verdadera? El conocimiento no se transmite mecánicamente, como la información que uno copia de la inteligencia artificial. La principal arma de supervivencia y progreso de los seres humanos fue la capacidad de preservar y transmitir las experiencias adquiridas gracias primero a la palabra y luego además a la escritura. Los buenos profesores sufren el descrédito, la postergación y el asedio porque son una barrera, casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie, de la amnesia colectiva y el cinismo insidioso para el que todo da igual, salvo la ansiosa satisfacción de cualquier capricho instantáneo. Nos quieren ignorantes, groseros, sectarios, ansiosos, apoltronados, narcisistas, aislados cada uno en su paraíso virtual, insolentes y mansos en nuestro aborregamiento colectivo…” (Antonio Muñoz Molina).

 

Salta pues a la vista que vivimos tiempos de gran confusión y caos -los contradictores vocacionales dirán que todos lo han sido-, empeorados por el hecho de que en cada persona conectada desde sus dispositivos a la red hay un potencial propalador de infundios y desinformación, y de ahí el creciente bullicio y la imparable pugnacidad que nadie sabe cómo gestionar. Ese desconocimiento sin solución a la vista, así como -entre muchas otras- la realidad descrita en la cita, son lo que me lleva a afirmar aquí que discurrimos por una segunda Edad Media -con el perdón del prístino Medioevo, tan en paz (por comparación) al menos con el planeta- si bien científica y tecnológica, que anda por sus albores. Al rigor de los historiadores corresponde determinar sus orígenes y estudiar a fondo, transcurrido el tiempo que haya menester, sus implicaciones y pormenores. Que ya aterran.

 

Adenda: ¿usted también, don Antonio, usted también piensa entregarse al desdoro voluntario de su prosa tan certera y luminosa con la redundancia disfónica esta de las duplicaciones del género, de las que absolutamente nadie puede salir bien librado cuando en ellas incurre?: para la muestra, este artículo suyo. Ahora: ¿cómo me explico que, para sólo citar un ejemplo, en ‘Patriotas, gente de orden’, la columna que usted publicó justo una semana antes del artículo en cuestión no haya ni tan siquiera una, para bien de ese texto y de su buen nombre? Debe de ser por la misma razón por la que ningún concienciado de la izquierda e incluyente teórico duplica el género cuando la cosa va de indeseables: asesinos, corruptos, violentos, violadores, corruptores, rateros, perjuros, invasores, tiranos… En pocas palabras, categorías en las que jamás podrían recalar una Kristi Noem, una Delcy Rodríguez, una María Zajárova y muchísimo menos mujeres por completo anónimas por el estilo de un par de ternezas llamadas Zulma Guzmán y Ana Julia Quezada, que ya querría mis parejas.

 

1100. Si un buen día mi sueño de que a los estudiantes de ciencias se les impartan al menos un par de cursos de literatura y a los estudiantes de literatura un par de cursos de ciencias se materializara, y me designaran para que le dicte a un grupo de primíparos verbigracia de biología el introductorio, la primera lectura con que intentaría seducirlos, y a fe mía que lo conseguiría, se titula ‘Un manifiesto por la oscuridad’. Cuyo autor, a diferencia de los Savater que se congracian con lo peorcito de los codiciosos resentidos que promueven la cosmofagia, y sólo para zurrar a sus ex colegas de El País de España y verter en todo lo que le huela a izquierda su más depurada ironía, tiene garantizada la posteridad no sólo gracias a sus calidades literarias, sino al compromiso de su escritura con la denuncia de los atropellos y desmesuras que se cometen contra la naturaleza y el planeta entero.

 

Adenda: antes de conocer a los muchachos en persona, les pediría que me respondan electrónicamente la primera de muchas preguntas que irán surgiendo a lo largo del semestre: ¿le parece a usted posible que la contaminación lumínica atormente a un ciego total y congénito, o que la contaminación acústica atormente a un sordo congénito y profundo? Explique con suficiencia por qué sí o por qué no.